Vivir bien y morir mejor
- Elva María Maya Marquez
- 7 julio, 2026
- Columnas
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Quien acepta la vida, debería aceptar la muerte, ambas; son parte del mismo ciclo. El problema es que socialmente, la muerte se ha construido como un momento fatal, trágico y doloroso que implica mucha tristeza y sufrimiento, lo cual, no necesariamente es así y tampoco debería pensarse de esta manera.
Samara Alejandra Martínez Montaño, desde los 17 años ha enfrentado diagnósticos de diferentes enfermedades, entre ellas; lupus e insuficiencia renal crónica, esta última en fase terminal. No obstante, tener una enfermedad en etapa terminal, no significa que la vida del paciente este en etapa terminal, significa que una enfermedad es incurable, progresiva y ha dejado de responder a tratamientos curativos. Implica que la esperanza de vida es corta—generalmente estimada en meses o días, pero hay pacientes que logran permanecer años en esta condición—. Por lo anterior, Samara ha dedicado los últimos años a impulsar la iniciativa de ley denominada; Ley Trasciende.
La Ley Trasciende (que en realidad es una reforma a la Ley General de Salud), es una iniciativa ciudadana en México para legalizar la eutanasia y el suicidio médicamente asistido, permitiendo a pacientes con enfermedades terminales o crónico-degenerativas que puedan acceder a una muerte digna y sin sufrimiento. La propuesta busca reformar el Código Penal Federal y la Ley General de Salud para que la muerte asistida no se penalice como homicidio por piedad y se garantice como un derecho humano.
La muerte, es un tema del que poco se habla en las reuniones familiares y con amigos, sin embargo, es imprescindible socializar el tema para que la muerte digna comience a ser considerada como una alternativa en México. Una opción para las personas que no tengan una buena calidad de vida, y su día a día dependa de sufrimiento y dolor crónico de manera diaria. La eutanasia es legal en diez países a nivel global: Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, España, Canadá, Nueva Zelanda, Portugal, Colombia, Ecuador y Uruguay.
La iniciativa plantea que, si un paciente, tras intentar todo lo que medicamente se le puede ofrecer para curarse o aliviarse y no tener éxito, pueda contar con esta opción. El reto es que las personas comprendan lo difícil que es vivir así, por ello, es necesario considerar la experiencia del paciente para legislar en la materia.
Esto, no es un tema de fe o de política, es un tema de dignidad humana. La ley busca que las personas que decidan no continuar con un tratamiento, no continuar con una terapia sustitutiva o simplemente que el dolor sea más que el disfrute de vivir diariamente, tengan la libertad de elegir. No es una imposición, es una elección, por lo que al igual que en otras luchas, lo que se busca es decidir sobre el propio cuerpo.
Es fácil decir a alguien con un padecimiento “complicado”: ánimo, échale ganas, pero cómo pedir ánimo después de un día desgastante, después de saber que su vida depende de tomar un montón de pastillas, de inyectarse diferentes sustancias, conectarse a distintos aparatos, asistir a consultas médicas interminables, y entre los que pueden, ir a trabajar sintiéndose cansados.
No es sencillo. Y no solo para el paciente, también para los miembros de la familia. Si bien es cierto que en México se cuentan con instituciones de salud que ofrecen tratamientos a diferentes enfermedades crónicas o que no tienen cura, la realidad es que hay muchas cosas que el paciente debe comprar por su cuenta para mantener una mejor calidad de vida o evitar un mayor deterioro físico, por lo cual, la parte económica es un aspecto que golpea severamente a estos pacientes.
A veces se piensa que conforme pasa el tiempo, el paciente con una enfermedad crónica se acostumbra o el tratamiento es más llevadero, pero no es así. Cada día se vuelve más pesado al tener una rutina tan estricta, con una serie de recomendaciones y/o prohibiciones que hacen que el paciente se excluya o aísle en ciertos espacios.
Es posible aspirar a un mundo donde las personas que sufren por algún padecimiento y no tienen posibilidad de sanar puedan elegir sobre su propio cuerpo. Imaginen que en lugar de despedir a familiares en camas de hospital y agonizando, se les pueda acompañar hasta el último suspiro con mucho amor, ya que, en algunos casos, aunque la persona quiera vivir, el cuerpo ya no.
Si la eutanasia se legalizara en México, ningún médico, familiar o amigo tendría que hacer procesos clandestinos para trascender dignamente. Si la muerte digna fuera una realidad, México avanzaría en el tema de libertades y derechos humanos. Se debe pensar en las personas que están cansadas de luchar contra su propio cuerpo, contra su propia enfermedad. La vida no se mide en tiempo, ni en cantidad, se mide en calidad.





