OPERAR EL AGUA: TÉCNICA, CRITERIO Y DECISIONES REALES EN LOS ORGANISMOS OPERADORES DE MÉXICO

Hablar de la operación eficaz de un Organismo Operador de Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento en la República Mexicana no es un ejercicio teórico ni un asunto exclusivamente administrativo. Es, ante todo, un problema técnico–operativo que se resuelve en el campo, en las redes, en los cárcamos, en las plantas de bombeo y en las plantas de tratamiento. La eficacia no se decreta desde una oficina; se construye día a día con conocimiento técnico, criterio hidráulico y toma de decisiones oportunas.

Durante décadas, muchos organismos operadores han sido conducidos bajo esquemas reactivos, políticos o improvisados. Se atiende la fuga cuando el pavimento ya colapsó, se cambia una bomba cuando el motor se quema, se rehabilita una red cuando la presión ya no llega a los domicilios. Esta lógica de emergencia permanente es el principal enemigo de la eficiencia. Operar bien significa anticiparse, y para ello se requiere información confiable, personal capacitado y liderazgo técnico.

El enfoque técnico–operativo comienza con el conocimiento real del sistema. No basta con planos archivados o bases de datos desactualizadas. Un operador eficaz conoce sus fuentes de abastecimiento, sus caudales disponibles, sus presiones críticas, sus zonas de tandeo y sus puntos vulnerables. Camina las líneas, escucha a los operadores, revisa válvulas, verifica macromedidores y entiende cómo se comporta el sistema en temporada de estiaje y de lluvias. El criterio de campo no se sustituye con software si no existe validación hidráulica real.

Uno de los mayores retos en México es la gestión de las pérdidas de agua. La eficiencia física no se mejora con discursos, sino con sectorización hidráulica, control de presiones, detección oportuna de fugas y mantenimiento preventivo. Esto exige decisiones técnicas que, en ocasiones, no son políticamente rentables: cerrar sectores, invertir en válvulas reguladoras, suspender servicios para reparar adecuadamente. Sin embargo, posponer estas decisiones condena al sistema a la ineficiencia crónica.

La operación de los sistemas de alcantarillado y saneamiento demanda el mismo rigor técnico. Un organismo operador eficaz entiende que el drenaje no es un problema invisible. El azolve, las conexiones erróneas, la falta de mantenimiento y la ausencia de monitoreo generan colapsos, inundaciones y descargas contaminantes. La toma de decisiones debe basarse en inspecciones periódicas, aforos, limpieza programada y conocimiento del comportamiento hidráulico de los colectores. Improvisar en este rubro suele traducirse en contingencias costosas y socialmente sensibles.

En el caso del saneamiento, la brecha entre lo construido y lo operado sigue siendo uno de los grandes pendientes del país. Plantas de tratamiento sobredimensionadas, subutilizadas o fuera de operación son el resultado de decisiones alejadas de la realidad operativa. El enfoque técnico–operativo exige seleccionar procesos acordes a la capacidad financiera, energética y técnica del organismo. Operar una planta no es inaugurarla; es mantenerla funcionando todos los días, con personal capacitado, insumos garantizados y control de parámetros.

La toma de decisiones reales implica también asumir responsabilidades. Un director u operador técnico debe tener la capacidad de decir no a proyectos inviables, de priorizar mantenimiento sobre obra nueva y de defender criterios técnicos frente a presiones externas. En México, muchos organismos fracasan no por falta de recursos, sino por falta de decisiones técnicas firmes y oportunas.

Finalmente, un organismo operador eficaz entiende que la técnica y la gestión no están separadas. La planeación financiera, la recuperación de costos, la micromedición y la cultura del agua son extensiones del enfoque operativo. Sin información hidráulica confiable no hay planeación posible; sin planeación no hay sostenibilidad.

Operar el agua en México es un reto complejo, pero no imposible. Requiere Ingenieros y técnicos con experiencia de campo, liderazgo con criterio hidráulico y una visión clara de que cada decisión técnica impacta directamente en la calidad de vida de la población. El agua no admite improvisaciones: fluye, se pierde o se contamina según la capacidad técnica de quienes la operan. En ese punto, la diferencia entre el colapso y la eficiencia se define, casi siempre, en el terreno y en el momento preciso de decidir.

PIENSA GLOBALMENTE, ACTÚA LOCALMENTE

Está en proceso el conteo de las “Cabañuelas” práctica ancestral heredada de nuestros abuelos y bisabuelos. Lo curioso de mi caso es que tanto mis abuelos del sureste como los del altiplano la practicaban y de ahí heredé la costumbre, a pesar de no tener sustento científico. Las pueden consultar en mi página de Facebook y por lo pronto adelantan un final de verano y otoño con bastante lluvia.  Recuerden #SalvemosOjuelos.

Reciban un abrazo de su amigo, Luis Eduardo Mejía Pedrero. Comentarios al correo [email protected] Instagram @mejiapedrero Twitter @cuencalerma o por Facebook