Urgencia en reducir las fugas en las redes de agua potable

Cada litro de agua que se pierde en una fuga representa un costo económico, energético y ambiental. En muchos organismos operadores municipales, las pérdidas físicas reducen la continuidad del servicio, incrementan los costos de operación y obligan a extraer mayores volúmenes de agua de fuentes cada vez más presionadas. Por ello, la reducción de fugas ha dejado de ser una actividad de mantenimiento para convertirse en una estrategia integral de gestión.

La experiencia internacional, respaldada por la Asociación Internacional del Agua (IWA), demuestra que los mejores resultados no se obtienen reparando fugas de manera aislada, sino mediante un proceso ordenado, continuo y basado en información técnica. La reducción sostenible de pérdidas requiere una secuencia de acciones que permita conocer el estado de la red, priorizar inversiones y evaluar resultados.

El primer paso consiste en conocer con precisión el sistema de distribución. Ningún organismo puede reducir lo que no mide. Es indispensable contar con planos actualizados, inventarios de tuberías, válvulas y tanques, así como información sobre materiales, diámetros, antigüedad y estado físico de la infraestructura. Este diagnóstico constituye la base para identificar los sectores más vulnerables y planear las intervenciones.

Posteriormente, el organismo debe fortalecer la macromedición. La instalación y calibración de medidores en fuentes de abastecimiento, plantas potabilizadoras, tanques y puntos estratégicos de la red permite conocer cuánta agua entra al sistema y cómo se distribuye. Sin mediciones confiables es imposible construir un balance hídrico o determinar la magnitud real de las pérdidas.

Con esta información puede elaborarse el balance de agua, siguiendo la metodología de la IWA. Este instrumento clasifica el volumen producido en agua facturada, consumos autorizados no facturados, pérdidas aparentes y pérdidas reales. La diferenciación es fundamental, ya que las fugas forman parte de las pérdidas reales y requieren estrategias distintas a las relacionadas con errores de medición o consumos no registrados.

Una vez cuantificadas las pérdidas, la siguiente etapa es sectorizar la red mediante Distritos de Medición y Control (DMA). La sectorización divide el sistema en áreas hidráulicamente independientes donde es posible medir de manera continua los caudales de entrada. Cuando el consumo nocturno supera los valores esperados, existe una alta probabilidad de fugas ocultas.

Después de la sectorización comienza la detección activa de fugas mediante geófonos, correladores acústicos, registradores de ruido y otras tecnologías. Detectar fugas antes de que emerjan evita desperdicios importantes y reduce daños a la infraestructura urbana.

Las reparaciones deben ejecutarse con oportunidad y bajo estándares de calidad, utilizando materiales certificados, personal capacitado y protocolos de intervención.

De manera paralela, los organismos operadores deben implementar programas de gestión de presiones mediante válvulas reguladoras, control automático y una adecuada operación de estaciones de bombeo, lo que disminuye rompimientos y pérdidas.

Cuando existen fallas recurrentes, debe priorizarse la rehabilitación o sustitución de tuberías con base en criterios técnicos como frecuencia de fallas, material, antigüedad e impacto en el servicio.

La transformación digital mediante sistemas de información geográfica, SCADA, telemetría y sensores fortalece la toma de decisiones y mejora la eficiencia operativa.

Finalmente, toda estrategia debe evaluarse mediante indicadores como el Índice de Fugas de Infraestructura (ILI), frecuencia de rompimientos, tiempo promedio de reparación y volumen recuperado.

Reducir las pérdidas por fugas requiere una gestión técnica, sistemática y permanente que combine diagnóstico, medición, sectorización, detección, reparación, control de presiones, renovación de infraestructura y evaluación continua. Para los organismos operadores del Estado de México, esta ruta representa una oportunidad para mejorar la eficiencia física y garantizar un servicio más confiable.

PIENSA GLOBALMENTE, ACTÚA LOCALMENTE

Si bien hay una gran cantidad de fugas en la vía pública, dentro de nuestros hogares también existen, siendo los tinacos y WC, los lugares en que más agua se pierde en fugas intra domiciliarias. Te invito a ser responsable y reparar esas fugas que también nos afectan a todos.

Reciban un abrazo de su amigo, Luis Eduardo Mejía Pedrero. Comentarios al correo [email protected] Instagram @mejiapedrero Twitter @cuencalerma o por Facebook.