FIFA, todo un negocio

Por: Julián Chávez Trueba

A mitad de la semana

Desde la Federación Mexicana de Futbol hasta la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), existe una enorme estructura económica construida alrededor del deporte más popular del planeta.

Ya se ha mostrado, incluso desde la ficción en series como Club de Cuervos, que lejos de la pasión y del ejercicio sine qua non de los valores deportivos, el sistema de jugadores, equipos y competencias depende en gran medida del negocio que genera. La FIFA no es la excepción.

La organización ha demostrado en múltiples ocasiones que los intereses económicos suelen colocarse por delante de la democratización de un deporte eminentemente popular. Los precios de los boletos para los estadios durante la Copa del Mundo de 2026 serán los más altos de los últimos cuatro mundiales, incluso considerando la inflación. El sistema de precios dinámicos implementado por la FIFA permite que algunas entradas para la final alcancen aproximadamente los 11 mil dólares, mientras que, en los mundiales de 2022, 2018 y 2014 los precios máximos rondaban entre los mil y los mil seiscientos dólares. A ello habría que sumar decisiones como las pausas de hidratación, que además de atender una necesidad deportiva, también representan una oportunidad adicional para la exposición comercial de patrocinadores y cadenas de televisión.

La FIFA ha podido actuar con gran libertad debido a que, en los tres países sede, y particularmente en México, el futbol ocupa un lugar casi religioso en la cultura popular. El deporte impacta directamente en el ánimo colectivo de millones de personas. Hoy México enfrenta importantes problemas políticos, sociales y económicos, por lo que un Mundial por tercera ocasión en territorio nacional funciona como un eficaz distractor y generador de entusiasmo colectivo. La FIFA trae nuevamente el Mundial a México por múltiples razones, entre ellas el enorme mercado que representa la afición mexicana. Como suele decirse coloquialmente, el futbol también sigue la ruta del dinero.

Los jugadores se han convertido en auténticos productos de mercadotecnia. Son promovidos, comercializados y posicionados como si se tratara de las estampas de PANINI. En muchos casos no importa únicamente el rendimiento deportivo; también pesan la fama, la imagen pública y el valor comercial del personaje. Ahí está el caso de Guillermo Ochoa, quien, aun en la etapa final de su carrera, continúa apareciendo

en campañas publicitarias junto a figuras internacionales debido al reconocimiento que conserva entre los aficionados. Situaciones similares pueden observarse con Neymar Jr. o Cristiano Ronaldo, quienes, independientemente de su actualidad deportiva, siguen siendo referentes de sus respectivas selecciones gracias a la fuerza de sus marcas personales y a la identificación que generan entre millones de seguidores.

Tal vez por ello Gianni Infantino intenta maximizar los ingresos que puede producir el Mundial de 2026. Muchas de las grandes figuras que dominaron la escena futbolística durante las últimas dos décadas se encuentran en la etapa final de sus carreras. Las nuevas generaciones de aficionados diversifican cada vez más sus intereses deportivos y de entretenimiento. Las estrellas globales capaces de concentrar la atención de millones de personas no aparecen con la misma frecuencia. Vivimos una época de récords comerciales y deportivos, y quizá la dirigencia del futbol mundial es plenamente consciente de ello.

Aplaudo que la gente cante el Himno Nacional con emoción cuando juega la selección mexicana; a mí también se me pone la piel chinita. Sin embargo, convendría recordar que estos futbolistas no representan formalmente al Estado mexicano, sino a una federación de carácter privado que participa en una competencia organizada igualmente por una institución privada.

La representación más genuina del país también se encuentra en otros espacios que suelen recibir mucha menos atención mediática: en las olimpiadas del conocimiento, en los concursos de matemáticas, cálculo, declamación y oratoria; en los atletas olímpicos que, enfrentando condiciones frecuentemente adversas, consiguen abrirse paso hasta conquistar medallas para México. Ahí también existe orgullo nacional, esfuerzo, disciplina y amor por la camiseta, aunque rara vez reciban los reflectores que acompañan al futbol.