¿Cuál Orgullo?

Llegó el mes del Orgullo y con ello, la hipocresía desmedida de grandes empresas, instituciones públicas y privadas. Lo menciono porque el uso del arcoíris durante el mes de junio delata las contradicciones entre mostrarse como “aliados” de la comunidad LGBTIQA+ (sigla que engloba a lesbianas, gays, bisexuales, personas trans, intersexuales, queer, asexuales y otras identidades sexogenéricas todavía no clasificadas) en México, y el poco avance que han tenido en cambiar la manera de hacer negocios o bien, incorporar prácticas laborales y de convivencia alineadas con el reconocimiento y respeto por los derechos humanos de este sector de la población.

El Día del Orgullo se conmemora en diferentes fechas alrededor del mundo, sin embargo, en México, Estados Unidos y otros países occidentales, se celebra el 28 de junio, debido a un acto de protesta política sucedida en Nueva York en 1969.

Por lo anterior, durante este mes es común encontrarse una lluvia de arcoíris en los logos y perfiles de instituciones y compañías, así como en los productos y servicios que ofrecen a sus clientes. Esta es la manera en que consignan un supuesto apoyo y solidaridad con la comunidad LGBTIQA+. Sin embargo, nada más alejado de la realidad, en su mayoría, se trata de una estrategia de “marketing”. El objetivo no es abordar el tema de manera seria y sustantiva, se trata de “pinkwashing”

¿Qué es el Pinkwashing? Es el uso de símbolos y consignas LGBTIQA+ por parte de empresas y organizaciones con fines comerciales o políticos, sin un verdadero compromiso con la inclusión y la diversidad. Lo anterior, ha dejado en evidencia como es que muchas empresas se apropian de la estética arcoíris con fines comerciales, pero carecen de políticas inclusivas reales.

El Día Internacional del Orgullo LGBTIQA+, es una fecha que busca promover la igualdad y la no discriminación de las personas lesbianas, gays, bisexuales y trans. En este contexto, las celebraciones y reivindicaciones del Orgullo, es una oportunidad (aparentemente) para avanzar en la igualdad de derechos, que deben garantizar que todas las personas, independientemente de su orientación sexual, identidad de género o condición de discapacidad, puedan vivir con dignidad, respeto y libres de violencia.

No obstante, debe quedar claro que, el mes del Orgullo no nació de la necesidad de celebrar el hecho de ser gay, lesbiana o trans, sino del derecho que tienen las personas a existir libres de persecución y discriminación. Así que, en lugar de preguntar por qué no hay un día o un movimiento del orgullo heterosexual, se debe agradecer que no se necesita uno.

De igual manera, las celebraciones del Orgullo son un escenario propicio para analizar la tensión entre activismo y mercado. Entre protesta y fiesta. Pues, resulta innegable el oportunismo capitalista que integra al discurso en torno al tema. A muchos, nos alegra que la bandera arcoíris este más presente que nunca, pero no debe olvidarse su origen, no puede ser un simple trapo o imagen de colores vacía de contenido. Que no se olvide que detrás de esa bandera hay una historia de lucha, de resistencia, de una defensa por la pluralidad y la diversidad. Por lo cual, no debemos dejar que nadie se quede fuera, aun cuando el día del Orgullo parece convertirse en una sopa de letras que aumenta, es necesario nombrar y reconocer a cada uno y cada una en sus diferencias y particularidades.

Problemas como la invisibilización de personas lesbianas frente a gays, la falta de atención que expresan otros colectivos como el de las personas transexuales, queer, bisexuales, intersexuales, no binarias, asexuales, entre otras, deben seguir abriendo nuevos debates y caminos para comprender el tema y actuar en consecuencia.

Es cierto que ha habido avances, pero en México, persiste una alta tasa de asesinatos por parte de personas que no están de acuerdo con una orientación sexual o identidad de género que, desde su punto de vista, escapa de lo normal o socialmente establecido. De igual manera, persisten altas tasas de discriminación a este sector de la población, así como actos de insultos en el espacio público y de no reconocimiento, por lo que mucha gente decide no hablar de su orientación sexual.

En este mes no deberíamos preguntarnos cuál Orgullo se celebra, sino quién se atreve a apropiarse de él. Porque cuando el arcoíris aparece como decoración comercial y el “apoyo” se mide por la venta de productos conmemorativos, lo que se expresa no es solidaridad, sino el oportunismo de empresas e instituciones. No se trata de colocar logotipos de arcoíris durante treinta días, sino de transformar prácticas, garantizar espacios seguros y asumir compromisos que trasciendan la temporada. De lo contrario, el mensaje es claro: no importa la vida ni la dignidad de las personas, importa su capacidad de consumo y al carajo el mes del Orgullo.