Proyecto Saguaro: la ilusión del progreso

En México, el discurso del desarrollo suele envolverse en promesas de modernidad, inversión y crecimiento económico. El proyecto Saguaro no es la excepción. Presentado como una obra estratégica para posicionar al país en el mapa energético global, este megaproyecto obliga a detenerse y mirar más allá de las cifras, porque cuando se trata de territorio, biodiversidad y comunidades, la pregunta fundamental no es cuánto se gana, sino cuánto se pierde.

El proyecto Saguaro Energía, es impulsado por la empresa estadounidense Mexico Pacific Limited, propone construir un gasoducto de 800 kilómetros que iniciará en Texas y atravesará Chihuahua y Sonora para terminar en Puerto Libertad, una localidad del Estado de Sonora, situado en la costa norte del golfo de California, donde se planea construir una planta de licuefacción de 455 hectáreas, equivalente a 70 veces el Estadio Azteca.

Pero el viaje del gas no termina en Puerto Libertad, ahí, solo se va a procesar para pasar de estado gaseoso a líquido en la mega planta de licuefacción. Este gas, una vez en estado líquido se subirá a unos buques gigantes llamados “mata ballenas”, buques gaseros que representan una amenaza de atropellamiento para los cetáceos (ballenas y delfines). Los impactos con el casco o la parte delantera de la embarcación son una de las principales causas de mortalidad de ballenas a nivel mundial. Asimismo, el ruido ensordecedor generado por las hélices y los motores de estos buques provoca su desplazamiento fuera de su hábitat natural.

Por otro lado, el proceso de licuefacción implica emisiones constantes de metano y benceno. El metano es un potente gas de efecto invernadero responsable de cerca del 30% del calentamiento global actual. Se emite durante la producción de combustibles fósiles como el gas, petróleo y carbón, por la descomposición de residuos en vertederos y a través de la ganadería y la agricultura. El metano actúa como precursor del ozono troposférico (conocido como el “ozono malo”), que agrava enfermedades respiratorias como el asma y la bronquitis, además de afectar la calidad del aire.

El benceno es un químico altamente tóxico y carcinógeno. Su exposición, principalmente por inhalación, causa daños severos e inmediatos en el sistema nervioso (mareos, confusión) y a largo plazo, ataca la médula ósea. Esto altera la producción de sangre, provocando anemia, infecciones graves y leucemia.

Para poner en perspectiva, en su camino de Texas a Asia, el gas habrá generado más emisiones de gas que Suecia y Portugal juntos en un año. ¿Cuál es el papel de México? De entrada, el gas que se venderá no es mexicano, es de Estados Unidos, viene de Texas. México tampoco es el comprador, se llevará a Asia. El proyecto no está diseñado para resolver necesidades energéticas nacionales. La lógica es simple: utilizar territorio mexicano como puente para exportar gas estadounidense hacia mercados asiáticos, reduciendo costos y tiempos logísticos. Las ganancias se orientan hacia empresas transnacionales y mercados extranjeros, mientras que los costos —ambientales, sociales y culturales— permanecen en el país.

Este megaproyecto amenaza con transformar el Golfo de California —conocido como el Acuario del Mundo— declarado Patrimonio Mundial Natural por la UNESCO, “en una zona de sacrificio para la industria fósil”, ya que estas aguas son el hábitat permanente y para la migración del 85% de los mamíferos marinos de México, incluyendo diversas especies de ballenas, delfines y la vaquita marina.

De acuerdo con organizaciones ambientales, no hay proyecto que valga la desaparición de las ballenas de aguas mexicanas, mucho menos uno cuyo impacto sería agravar la crisis climática con las emisiones que provocaría la quema de ese gas.

Tanto el gobierno federal como estatal enaltecieron la cifra de inversión y generación de empleos como el gran motor detrás del proyecto Saguaro, ya que se habla de la creación de 13 mil empleos directos y 20 mil indirectos. A estas cifras les falta claridad, ya que los 13 mil empleos directos están relacionados con la construcción del gasoducto y la planta de licuefacción. Esos empleos son temporales y las empresas buscan traer mano de obra extranjera. En este mismo sentido, la maquinaria a utilizar sería extranjera, en consecuencia, la mano de obra que la opera también.

Actualmente, el proyecto cuenta con una suspensión, pero no se descarta que pueda reactivarse. Sin embargo, ahora que el gobierno federal habla de “megaproyectos de inversión”, debemos prestar mucha atención y preguntar ¿A qué costo?

El Proyecto Saguaro obliga a cuestionar si el progreso que se promete está realmente alineado con el bienestar colectivo. No se trata de rechazar el desarrollo, se trata de exigir que los proyectos se diseñen con responsabilidad, que incorporen la voz de las comunidades y que respeten los límites ecológicos. El territorio no es un recurso infinito ni un mero espacio de explotación, es un patrimonio común que debe protegerse.