¿ESTÁ PREPARADA LA INFRAESTRUCTURA HIDRÁULICA PARA LAS LLUVIAS EXTREMAS?

Cada temporada de lluvias deja imágenes que se repiten con inquietante frecuencia en diversas ciudades mexicanas: calles convertidas en ríos, viviendas inundadas, vehículos arrastrados por corrientes improvisadas y servicios públicos colapsados. Ante cada evento extraordinario, las autoridades suelen atribuir los daños a precipitaciones “atípicas” o “históricas”. Sin embargo, una pregunta cada vez más necesaria es si la infraestructura hidráulica de nuestras ciudades está realmente preparada para enfrentar las lluvias extremas que se presentan con creciente frecuencia.

La respuesta, en muchos casos, es preocupante. Durante décadas, la infraestructura de drenaje pluvial y alcantarillado fue diseñada a partir de registros históricos que suponían ciertos patrones relativamente estables de precipitación. Los colectores, canales, cárcamos de bombeo, vasos reguladores y demás obras hidráulicas se dimensionaron para manejar tormentas con determinadas intensidades y periodos de retorno. Sin embargo, las condiciones han cambiado.

El cambio climático está alterando los patrones hidrometeorológicos en numerosas regiones del mundo. Aunque el volumen total anual de lluvia puede no variar significativamente en algunos lugares, la forma en que se distribuye la precipitación sí está cambiando. Hoy es más frecuente observar lluvias de alta intensidad concentradas en periodos muy cortos, capaces de generar escurrimientos extraordinarios que superan la capacidad de la infraestructura existente. A ello se suma otro fenómeno igualmente importante: el crecimiento urbano desordenado.

Las ciudades han expandido su superficie mediante la construcción de calles, avenidas, estacionamientos, centros comerciales y desarrollos habitacionales que sustituyen áreas naturales capaces de infiltrar agua al subsuelo. Cada metro cuadrado de concreto o asfalto reduce la capacidad del terreno para absorber la lluvia y aumenta el volumen de escurrimiento superficial. En consecuencia, una tormenta que hace treinta años podía ser manejada por los sistemas de drenaje hoy genera caudales mucho mayores debido a la urbanización acelerada.

Pero los problemas no terminan ahí.
Gran parte de la infraestructura hidráulica urbana presenta rezagos importantes de mantenimiento. Redes de drenaje con décadas de antigüedad, colectores parcialmente azolvados, alcantarillas obstruidas por basura, canales invadidos y estaciones de bombeo con equipos obsoletos forman parte de una realidad cotidiana en numerosos municipios. En estas condiciones, incluso lluvias que no alcanzan niveles extraordinarios pueden provocar inundaciones severas.

La situación es particularmente crítica porque gran parte de la infraestructura hidráulica permanece oculta bajo calles y avenidas. A diferencia de otras obras públicas, los sistemas de drenaje suelen recibir poca atención política debido a que sus beneficios son poco visibles. Resulta más atractivo inaugurar una vialidad o una obra emblemática que invertir recursos en rehabilitar colectores enterrados que la ciudadanía nunca verá. Sin embargo, cuando esa infraestructura falla, las consecuencias son inmediatas.
Las pérdidas económicas derivadas de las inundaciones urbanas son cada vez mayores. Daños a viviendas, comercios, vehículos e infraestructura pública representan costos significativos para familias, empresas y gobiernos. A ello se agregan afectaciones a la movilidad, interrupciones en actividades económicas y riesgos sanitarios derivados del contacto con aguas contaminadas. Paradójicamente, en un país donde frecuentemente se habla de escasez de agua, millones de metros cúbicos de lluvia terminan convirtiéndose en un problema en lugar de una oportunidad.

La gestión moderna del agua plantea una visión distinta. En lugar de concentrarse exclusivamente en desalojar rápidamente los escurrimientos, propone estrategias integrales que permitan captar, infiltrar, almacenar y aprovechar parte del agua de lluvia. Parques inundables, humedales artificiales, pavimentos permeables, sistemas de captación pluvial y áreas verdes urbanas forman parte de soluciones que han demostrado su eficacia en diversas ciudades del mundo. Estas medidas no sustituyen a la infraestructura convencional, pero sí contribuyen a reducir las cargas sobre los sistemas de drenaje y aumentan la resiliencia urbana frente a fenómenos extremos.

México enfrenta el desafío de modernizar sus criterios de planeación hidráulica. Las condiciones climáticas actuales ya no son las mismas que hace treinta o cuarenta años, y las ciudades continúan creciendo a un ritmo que incrementa la vulnerabilidad ante lluvias intensas. La pregunta no es si volverán a ocurrir precipitaciones extraordinarias. La evidencia indica que seguirán presentándose y probablemente con mayor frecuencia e intensidad. La verdadera interrogante es si estamos realizando las inversiones necesarias para adaptar nuestras ciudades a esa nueva realidad.

Prepararse implica actualizar estudios hidrológicos, rehabilitar infraestructura existente, fortalecer programas de mantenimiento, controlar el crecimiento urbano en zonas de riesgo y promover soluciones basadas en la naturaleza que complementen las obras tradicionales. Porque cada inundación importante deja una lección que con frecuencia olvidamos demasiado pronto: el problema no siempre es la lluvia. Muchas veces, el verdadero problema es la incapacidad de nuestras ciudades para convivir con ella. Y mientras las tormentas del futuro ya comienzan a manifestarse, la infraestructura hidráulica del presente enfrenta una prueba para la cual, en muchos casos, aún no está completamente preparada.

PIENSA GLOBALMENTE, ACTÚA LOCALMENTE
Podemos tener tuberías de alcantarillado con grandes diámetros y suficiente capacidad para el desalojo de la lluvia de grandes tormentas, pero para que el agua entre a esas tuberías debe ser captada por rejillas y coladeras. Si estas últimas están tapadas con basura, tendremos inundaciones en la superficie con tuberías vacías. No tires basura en la vía pública. Recuerden #SalvemosOjuelos.
Reciban un abrazo de su amigo, Luis Eduardo Mejía Pedrero. Comentarios al correo [email protected] Instagram @mejiapedrero Twitter @cuencalerma o por Facebook.