¿Ganó el PRI o la oposición en Coahuila?

Por Julián Chávez Trueba

A mitad de la semana

Es difícil determinar un resultado de manera aislada, separada de los calendarios oficialistas y, sobre todo, de la influencia que puede ejercer la Federación. Sin embargo, es posible aproximarnos a una respuesta mediante una breve reflexión.

La oposición no ha hecho mucho o, mejor dicho, ha estado ausente a la hora de capitalizar los errores de MORENA, tanto como partido como en su papel de gobierno. Hasta hace unos meses, la presidenta gozaba de un respaldo importante a su persona, aunque no necesariamente a su administración, una situación que ya se observaba desde el gobierno de su antecesor. Sin embargo, en las últimas semanas el panorama ha cambiado debido a los escándalos de presunta colusión con el crimen organizado que involucran al gobernador de Sinaloa y, más recientemente, a los mandatarios de Sonora y Tamaulipas.

Esta situación ha ido deteriorando la imagen de la primera autoridad del país, pues en otras épocas los presidentes solían deslindarse de las acusaciones y permitían que el escrutinio público recayera sobre quienes eran señalados, preservando así la figura presidencial. Hoy ocurre lo contrario. La presidenta se ha colocado dentro del mismo ámbito de afectación política, aunque no sea destinataria directa de los señalamientos provenientes de Estados Unidos. De manera reiterada ha expresado su respaldo a los gobernadores acusados y les ha brindado apoyo político claro y contundente, posicionándose directamente en contra del vecino país del norte. Incluso ha llegado a sostener que México y los mexicanos defenderán a los acusados en nombre de la soberanía nacional, a pesar de que una parte importante de la población considera que dichos gobernadores podrían tener vínculos criminales, aun cuando todavía no se hayan presentado las pruebas oficiales que lo acrediten.

Así, parecería que no se trata de una batalla ganada por el PRI. Es evidente que no hubo un planteamiento político particularmente contundente por parte de la oposición, sino que solo fue una estrategia estable, sin grandes errores ni tropiezos. Eso, desde luego, no constituye un trabajo ejemplar; más bien refleja el cobro político que la ciudadanía le está haciendo a un partido que no ha sabido materializar sus promesas.

Por el bien del PRI y de México, deseamos desde esta redacción que los dirigentes de los partidos ganadores no se precipiten a inundar los espacios públicos con spots y campañas publicitarias proclamando que la victoria se debe al cariño o respaldo de la ciudadanía. Hacerlo significaría desperdiciar la oportunidad de capitalizar un trabajo político que, en realidad, no realizaron. Su verdadero triunfo parece provenir más de un voto de castigo que de un acierto propio.

De cualquier forma, este resultado debe encender las alertas en MORENA, que tendrá que prepararse para los comicios intermedios, la renovación de la Cámara de Diputados y la eventual consulta de revocación de mandato de la presidenta. Todos ellos constituyen puntos de inflexión que definirán la capacidad del partido para seguir detentando la máxima responsabilidad política del país: la Presidencia de la República.