México mágico

Si algo ha quedado claro en los últimos años, es la velocidad con la que se generan y se consumen las noticias. Dar seguimiento puntual a cada hecho resulta prácticamente imposible: una nota llamativa, alarmante o polémica puede ser desplazada en cuestión de horas por otras dos o tres más. A ello se suma un factor determinante: la jerarquización informativa. Los medios de comunicación, de acuerdo con sus intereses editoriales, deciden qué temas posicionar y cuáles condenar al olvido.

Por ello, en esta ocasión retomo tres casos que, por su relevancia social, deberían estar en el centro del debate público, pero que no han recibido la atención necesaria. Tres ejemplos que, en distintos ámbitos, evidencian prácticas que siguen reproduciéndose en este “México mágico” donde todo pasa y pocas veces pasa algo.

El primero de ellos es la situación en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), una de las instituciones educativas más importantes del país, actualmente sumida en una crisis. El pasado 13 de mayo de 2026, la comunidad estudiantil realizó un paro de 36 horas para exigir mayor presupuesto, cambios en la administración y la destitución de autoridades. Lejos de tratarse de un conflicto aislado, las protestas se han extendido a distintos planteles y han escalado hasta la toma de Canal Once —el canal del politécnico— desde el pasado 22 de mayo.

Las acusaciones no son menores. El director general, Arturo Reyes Sandoval, ha sido señalado por presunto uso indebido de atribuciones, mientras que otras denuncias apuntan a posibles desvíos de recursos públicos hacia una asociación civil denominada “Corazón Guinda y Blanco”. A ello se suma la suspensión de funcionarios clave, como Javier Tapia Santoyo, quien ya arrastraba antecedentes de investigaciones por manejo irregular de recursos en el ISSSTE, por otorgar tres contratos por 11 millones de pesos a una empresa facturera cuando era tesorero del Centro Médico Nacional 20 de Noviembre.

Ahora bien ¿Por qué permitir que perfiles con señalamientos de corrupción ocupen cargos de alta responsabilidad? ¿De verdad se desconoce su historial o simplemente se decide ignorar? Cuando se trata de instituciones educativas públicas, el daño no es solo administrativo, sino

profundamente social. Se erosiona la confianza, se debilita la formación de miles de estudiantes y se normaliza la impunidad.

El segundo caso nos remite a las artesanas de Naupan, en la Sierra Norte de Puebla, quienes fueron contratadas por las marcas “Adidas” y “Someone Somewhere” para elaborar bordados en prendas relacionadas con la Selección Mexicana rumbo al Mundial de 2026. Lo que pudo haber sido un ejemplo de colaboración justa terminó evidenciando una práctica de explotación laboral.

De acuerdo con lo que se ha dado a conocer, alrededor de 150 mujeres recibieron pagos de entre 26 y 36 pesos por hora, sin prestaciones de ley, además de ser obligadas a participar en la promoción de las prendas sin remuneración adicional. Como si fuera poco, se les hizo firmar acuerdos de confidencialidad para evitar que hicieran públicas sus condiciones de trabajo. El contraste es indignante: prendas que alcanzan precios de hasta 4 mil 999 pesos en el mercado frente a salarios miserables como quienes las contrataron. Este caso no es aislado, sino reflejo de una lógica que sigue explotando el trabajo de comunidades indígenas.

No basta con reconocer el valor cultural de los pueblos originarios en discursos o campañas publicitarias. Se requiere garantizar condiciones laborales dignas, pagos justos y mecanismos de protección que eviten que estas prácticas se repitan.

Finalmente, resulta inevitable cuestionar lo que ocurre a nivel federal con la Secretaría de las Mujeres. En el llamado “tiempo de mujeres”, sorprende que, tras la renuncia de su titular el pasado 15 de abril, haya transcurrido más de un mes sin que se nombre a una sustituta.

La creación de esta dependencia fue presentada como un paso histórico, una muestra del compromiso del gobierno con la agenda de género. Sin embargo, la falta de nombramiento envía un mensaje contradictorio y lleva a cuestionar si el tema de las mujeres es realmente una prioridad o un mero discurso.

Cuando se trata de otras áreas estratégicas, los relevos suelen ser inmediatos. En este caso, la ausencia prolongada genera incertidumbre y pone en duda la seriedad con la que se está atendiendo lo que la propia presidenta ha señalado como una deuda histórica.

Estos tres temas, aunque distintos, comparten un hilo conductor: la persistencia de prácticas que reflejan desigualdad, opacidad e impunidad. Se repiten patrones que deberían indignarnos más de lo que lo hacen.

Los temas descritos son parte de un todo, de este México mágico que nunca deja de sorprendernos. Las noticias no se detienen. Lo que nos falta es tiempo, ánimo, y un antiácido para digerir todo y no dejar de exigir que las cosas cambien.