MADRID BULLE
- Jimena Bañuelos
- 1 junio, 2026
- Cultura
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El mes de junio acaba de estrenarse y aunque todavía quedan unos días para dar la bienvenida al verano parece que éste ha decidido apresurarse. Las quejas por el calor están en casi todas las conversaciones, pero los amantes de la estación estival aguantamos con disimulo la subida precipitada de temperaturas. Buscar un refugio para hacer frente al termómetro es esencial. Quizás, dado que El Retiro acoge, un año más, la Feria del Libro, sea una buena opción si además eres un amante de la lectura como es mi caso. El Paseo de Coches se ha convertido en un gran escaparate de historias, emociones y descubrimientos. Muchos títulos esperan a sus lectores entre casetas que invitan a detenerse, hojear y dejarse sorprender.
Cada lector tiene sus preferencias. Hay quien busca una novela histórica, quien prefiere la intriga o quien se deja seducir por la fantasía. Lo maravilloso de la lectura es precisamente esa capacidad para adaptarse a cada persona y a cada momento. Un libro puede entretener, emocionar, enseñar o incluso cambiar nuestra forma de ver el mundo. Por eso resulta tan difícil recomendar uno en concreto y, al mismo tiempo, tan fácil aconsejar la lectura en general. Miguel de Cervantes dejó escrito que “el que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”. Quizá, por eso, la Feria del Libro conserva intacto su atractivo. No se trata únicamente de comprar una novela o conseguir la firma de un autor admirado. También es una oportunidad para pasear, conversar, descubrir nuevas voces y recordar que la cultura sigue siendo uno de los mejores refugios frente al ruido que nos rodea.
Y precisamente de ruido sabe mucho Madrid estos días. A la Feria del Libro se suma la expectación por la próxima visita del Papa, un acontecimiento de gran relevancia que situará a la capital en el foco de la atención internacional. Como ocurre con los grandes eventos, traerá consigo una importante movilización de personas, medidas de seguridad extraordinarias y algunas alteraciones en la circulación. Los madrileños ya estamos acostumbrados a que cualquier evento de cierta magnitud venga acompañado de cortes de tráfico, desvíos y tiempos de espera que ponen a prueba la filosofía de vida de más de uno. Quizá sea el momento perfecto para aplicar la paciencia, que también se aprende leyendo. No obstante, empatizar con los ciudadanos no está de más. Se les llena la boca de consejos a los dirigentes políticos. Sin embargo, ellos apenas sufrirán las consecuencias de todo aquello a lo que los ciudadanos se verán expuestos. “Alzad la mirada” es el lema de esta visita de León XIV, pero tampoco estaría de más que quienes organizan y gestionan estos grandes acontecimientos bajaran la vista, por un momento, para observar la realidad cotidiana de miles de ciudadanos. Porque mientras unos miran hacia el escenario principal, otros intentan llegar al trabajo, recoger a sus hijos del colegio o cumplir con sus obligaciones en una ciudad que, durante estos días, funcionará a un ritmo diferente.
Por supuesto que no me olvido de los conciertos de Bad Bunny en el Metropolitano. Serán multitudinarios. Madrid rebosa gente por sus calles. De hecho, aislarse de la multitud será el plan de muchos. Unos se irán de la ciudad, otros buscarán una piscina y más de uno se refugiará en la sombra de un árbol en El Retiro. La Feria del Libro continuará esperando a los lectores, el calor seguirá recordándonos que el verano está a la vuelta de la esquina y los madrileños volverán a demostrar esa capacidad tan característica que tienen para adaptarse a cualquier circunstancia. Porque si algo te enseña esta ciudad es a convivir con el bullicio, con las aglomeraciones y con los imprevistos. Muchos se habrán resignado a la situación, pero una visita del Papa es tener una cita con la historia. En unos días, entre todos y cada uno con sus circunstancias, escribiremos este capítulo titulado “Alzad la mirada”.







