EL VALLE DEPORTIVO
- Pedro Eric Fuentes López
- 1 junio, 2026
- Columnas
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Pedro Eric Fuentes López
“La gloria es una forma de incomprensión; quizá la peor” Jorge Luis Borges
Es bien sabido que cuando uno habla y señala la verdad, a los de pantalón largo les arde hasta el orgullo. Estamos a nada de que inicie el Mundial 2026 y el país entero padece de una ceguera colectiva de proporciones épicas. Nos quieren meter el futbol hasta en la sopa, en los comerciales de desodorantes, en las ofertas de la esquina y en el pensamiento diario. Pareciera que sí once tipos no corren detrás de un balón inflado en la cancha del Estadio Azteca, el planeta Tierra simplemente deja de girar. Pero abran bien los ojos, porque mientras los reflectores, los millones de dólares y la prensa lambiscona se arrodillan ante una Selección de fútbol que usualmente juega a nada, en las sombras, lejos del dinero fácil de la FIFA, hay deportistas de verdad que sí ganan, que sí sudan y que sí traen medallas reales a las vitrinas de este país. Esos son los atletas de alto rendimiento que no necesitan de comerciales de papitas ni de escándalos en redes sociales para demostrar lo que valen.
La gran noticia que los medios pretenden sepultar bajo una montaña de notas sobre el tobillo de los futbolistas es que ya quedó oficialmente conformado el equipo mexicano de clavados que irá a los Juegos Centroamericanos. Sí, mis queridos adictos al sufrimiento, mientras la Federación Mexicana de Fútbol se gasta el presupuesto en traer técnicos extranjeros que duran cinco minutos, nuestros clavadistas calificaron con base en su esfuerzo y tenacidad, así como de puro coraje, disciplina y entrenamientos en fosas que a veces ni agua tienen. El selectivo nacional cerró con nombres que imponen respeto y que van con la única consigna de destrozar a sus rivales en el trampolín y la plataforma. Lo chusco del asunto es que estos muchachos ganan más títulos en un fin de semana que el fútbol nacional en los últimos treinta años, digo, nada más para que veamos la enorme diferencia existente. Ellos no andan llorando por el arbitraje ni pidiendo el quinto partido, ni soñando en ganar 1, empatar otro y perder uno, lo que significa mediocridad absoluta; en cambio, ellos -los clavadistas- se avientan al vacío, dan tres vueltas en el aire y caen parados como los auténticos profesionales que son.
Pero claro, el negocio manda. Es más fácil vender la ilusión empaquetada de un gol de chiripa que valorar las horas de esfuerzo de un atleta que se levanta a las cuatro de la mañana a entrenar. Vivimos en la cultura donde un empate de la playera verde se festeja en el Ángel de la Independencia, pero una medalla de oro en clavados apenas alcanza para una nota de tres renglones en la sección de sociales. Los de pantalón largo de la CONADE y los directivos del fútbol deberían sentir tantita vergüenza y dicen en mi pueblo: tantita ¡madre! Unos se llenan los bolsillos con el circo de la pelota y los otros le regatean las becas a los que verdaderamente ponen el nombre de México en lo más alto del podio internacional. Al final del día, este Mundial pasará, la FIFA se llevará sus dólares a Suiza y nos dejará la misma resaca de siempre. Pero el orgullo que nos dan los deportes acuáticos es permanente.
Es hora de entender que no todo es fútbol -que conste que lo adoro eh-, pero que hay vida más allá de las canchas de pasto y que nuestros verdaderos héroes deportivos no usan tacos, sino trajes de baño y una voluntad inquebrantable. ¡Esos sí son campeones de verdad! Por eso les digo, mis amigos, bajémonos un ratito del tren del Mundial y empecemos a voltear a ver a quienes sí nos dan alegrías sin pedir nada a cambio. El equipo de clavados ya cumplió con su parte al calificar y conformar una delegación de miedo; ahora nos toca a nosotros como afición dejar de consumir puro circo futbolero y empezar a llenarles las gradas y el corazón con nuestro apoyo incondicional.
Que este llamado sirva para que los directivos reaccionen y entiendan que el deporte mexicano es gigante, diverso y no se limita a un balón. El torneo del mundo será una gran fiesta, nadie lo niega, pero el verdadero valor social y el ejemplo para la juventud está en la fosa de clavados, en la pista y en cada rincón donde un mexicano compite con el alma. ¡Ahí es donde se gana el verdadero juego de la vida!
Pásenla bien!!!







