Informar o callar

De acuerdo con la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), organización internacional no gubernamental, sin ánimo de lucro que se dedica a defender y promover la libertad de prensa y el derecho a una información libre, independiente y sin censura en todo el mundo, “año tras año, México se mantiene como uno de los países más peligrosos y mortíferos del mundo para los periodistas”.

Por su parte, Artículo 19, una organización internacional dedicada a promover y defender la libertad de expresión y el derecho a la información a nivel global documentó en 2025, 451 agresiones contra la prensa en México, 91 en Guatemala, 77 en Honduras y 55 en El Salvador. En conjunto, sólo en estos tres países fueron asesinados 12 periodistas en un año. En este contexto, detrás de cada caso hay un patrón reiterado que permite que se continúe asesinando a periodistas; la impunidad.

En este mismo orden de ideas, a través del informe anual 2025 de la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión (RELE), publicado hace un par de semanas, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), mostró su preocupación sobre el entorno tan adverso que atraviesa la prensa en México, marcado por desapariciones, amenazas, secuestros y el incremento de los asesinatos de periodistas, lo que coloca a nuestro país como el más letal de la región. La Relatoría destacó que México sigue siendo uno de los países más peligrosos para la prensa en América Latina, con más de 150 periodistas asesinados desde el año 2000 y más de 25 desaparecidos.

Asimismo, por primera vez en la historia de la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras, se dio a conocer que en los 25 años de historia del ránking, la puntuación media del conjunto de los países analizados nunca ha sido tan baja. El deterioro es global: el 52.2% de los países presenta condiciones “difíciles” o “muy graves” para ejercer el periodismo, lo cual contrasta con el 13,7% en 2002.

En la actualidad, menos del 1% de la población vive en entornos favorables para realizar esta labor, cifra que es altamente preocupante. El informe señala que las amenazas han evolucionado: además de la violencia, crecen las presiones legales, políticas y económicas, incluyendo leyes restrictivas, demandas judiciales e inestabilidad financiera en los medios. Incluso en democracias se registra un aumento de la hostilidad hacia periodistas.

En la clasificación general, México figura en la posición 122 de 180 naciones evaluadas. El avance de dos posiciones respecto a 2025 no reflejó una mejoría real, sino el deterioro de la situación en otros países.

El periodismo cumple una función que pocos actores están dispuestos —o tienen la capacidad— de asumir: observar, investigar, cuestionar y sobre todo, incomodar. Un periodismo sometido no informa: legitima. Por lo anterior, no basta con tener medios de comunicación; es indispensable que estos sean independientes, porque la independencia no es un eslogan ni una etiqueta de prestigio, sino una condición que permite al periodismo cumplir su razón de ser.

Uno de los problemas a los que se enfrenta nuestro país, es, la concentración mediática, situación que limita a abrirse paso a los medios pequeños e incluso, existir. El sector de la radio y televisión está dominado por los grupos Televisa y TV Azteca, mientras que el de la prensa escrita está controlado por el grupo Organización Editorial Mexicana (OEM) que posee 32 periódicos, 24 emisoras de radio y 45 webs informativas. Esta situación limita el pluralismo y la información que llega al público, y hace que cada vez más periodistas independientes publiquen contenidos propios en las redes sociales (RSF, 2026).

Un medio atado a intereses políticos o económicos deja de responder al interés público y comienza a proteger agendas particulares. En ese proceso, lo que se erosiona no es solo la credibilidad de una redacción, sino la capacidad de la sociedad para tomar decisiones informadas.

Un país que se dice democrático no puede limitarse a celebrar elecciones: la democracia también se sostiene en la conversación pública. Los medios independientes son importantes porque funcionan como un contrapeso: preguntan por qué pasan las cosas, quién se beneficia, qué se oculta y qué se promete sin cumplir. Hacen visible lo que algunos intentan normalizar: la corrupción y el abuso de autoridad. En otras palabras, el periodismo no solo “informa”; protege el derecho ciudadano a comprender.

Defender el periodismo no implica idealizarlo, significa reconocer que, con todas sus imperfecciones, sigue siendo una de las pocas herramientas que permiten vigilar al poder y dar voz a quienes no la tienen. Finalmente, la muerte de un periodista es un tema que debe preocupar y ocupar a toda sociedad, pues matar a un periodista, es matar la verdad.