LA CRISIS SILENCIOSA DE LAS FUGAS DE AGUA EN LAS CIUDADES MEXICANAS
- Luis Eduardo Mejia Pedrero
- 24 mayo, 2026
- Columnas
- 0 Comments
Mientras millones de mexicanos enfrentan cortes de agua, tandeos y una creciente incertidumbre sobre el abastecimiento futuro, bajo las calles de las ciudades ocurre una de las mayores pérdidas de recursos públicos y naturales del país: las fugas en las redes de distribución de agua potable.
Es una crisis silenciosa porque no suele verse. El agua desaparece antes de llegar al usuario. Se pierde en tuberías enterradas, válvulas deterioradas, conexiones clandestinas y sistemas hidráulicos envejecidos que en muchos municipios operan desde hace más de cuarenta años. Paradójicamente, el problema no genera la misma atención política que una gran presa, un pozo nuevo o una planta potabilizadora recién inaugurada. Sin embargo, las fugas representan uno de los principales desafíos para la sostenibilidad hídrica urbana.
En México, diversos organismos operadores pierden entre el 35 y el 50 por ciento del agua que introducen a sus redes de distribución. En algunos casos extremos, las pérdidas superan el 60 por ciento. Esto significa que, de cada diez litros extraídos, potabilizados y bombeados, apenas cinco o seis llegan efectivamente a los hogares.
El problema tiene enormes implicaciones económicas. Cada litro perdido ya implicó costos de extracción, conducción, energía eléctrica, cloración, mantenimiento y operación. El agua fugada no solo desperdicia el recurso natural; también desperdicia dinero público. En un contexto donde muchos organismos operadores enfrentan problemas financieros, altos costos energéticos y rezagos de infraestructura, las fugas se convierten en una carga permanente que debilita aún más su capacidad operativa.
Pero el impacto va mucho más allá de lo financiero. Las fugas también agravan la sobreexplotación de acuíferos. Para compensar el agua que se pierde, los municipios suelen perforar más pozos o extraer mayores volúmenes de las fuentes existentes. El resultado es un círculo vicioso: más extracción, mayores costos de bombeo, deterioro de la calidad del agua y abatimiento progresivo de los niveles subterráneos.
La sustitución de redes hidráulicas requiere inversiones muy elevadas. Muchas ciudades tienen miles de kilómetros de tuberías antiguas, fabricadas con materiales que ya concluyeron su vida útil. Reemplazarlas implica recursos que numerosos municipios simplemente no poseen.
Existe además un problema técnico y administrativo. Muchos organismos operadores carecen de catastros actualizados, sistemas modernos de detección de fugas o sectores hidráulicos eficientes. En algunos casos, ni siquiera se conoce con precisión dónde se pierde el agua. La operación cotidiana termina concentrándose en atender emergencias: reparar fugas visibles, resolver quejas ciudadanas y mantener funcionando los pozos. La planeación de largo plazo queda relegada.
A esto se suma una realidad incómoda: durante décadas, en muchas ciudades mexicanas se privilegió ampliar cobertura sin garantizar sostenibilidad operativa. Se construyeron redes para atender el crecimiento urbano acelerado, pero no se establecieron programas permanentes de rehabilitación y mantenimiento. Hoy, gran parte de esa infraestructura envejecida comienza a colapsar simultáneamente.
La crisis hídrica y el cambio climático hacen todavía más urgente atender este problema. Las sequías prolongadas, la disminución de disponibilidad en algunas fuentes y el incremento en la demanda urbana obligan a replantear la gestión del agua. Resulta contradictorio buscar nuevas fuentes de abastecimiento mientras enormes volúmenes continúan perdiéndose diariamente bajo las calles.
La solución no depende únicamente de grandes inversiones. También requiere decisiones políticas, fortalecimiento institucional y modernización operativa. La sectorización hidráulica, la micromedición eficiente, el monitoreo digital de presiones, la detección oportuna de fugas y los programas permanentes de rehabilitación pueden reducir considerablemente las pérdidas.
Pero, sobre todo, se necesita cambiar la lógica con la que históricamente se ha administrado el agua en muchas ciudades mexicanas. El verdadero desafío ya no consiste solamente en extraer más agua, sino en conservar la que ya se tiene. Porque en un país donde cada año aumenta la presión sobre los recursos hídricos, seguir perdiendo millones de litros diarios por fugas no es únicamente una falla técnica. Es una señal de la profunda fragilidad de nuestra política hídrica urbana.
PIENSA GLOBALMENTE, ACTÚA LOCALMENTE
Siempre que veas una fuga en la vía pública repórtala de inmediato a las autoridades. Debes ser insistente hasta que sea reparada la tubería, es por el bien de todos. Recuerden #SalvemosOjuelos.
Reciban un abrazo de su amigo, Luis Eduardo Mejía Pedrero. Comentarios al correo [email protected] Instagram @mejiapedrero Twitter @cuencalerma o por Facebook.






