A ALEX FERNÁNDEZ

Hay artistas que ofrecen conciertos y hay artistas que construyen recuerdos. Alex Fernández pertenece, sin ninguna duda, a la segunda categoría. Nunca pensé que disfrutaría del mariachi a orillas del Mediterráneo ni que mi mente se trasladaría a México, como lleva haciéndolo últimamente. Arrancó el show con una canción que me ha acompañado desde la etapa más dura de mi vida. Verla cantar en directo, no lo negaré, fue un sueño cumplido. “Qué bonita es esta vida…Y aunque a veces duela tanto y a pesar de los pesares, siempre hay alguien que nos quiere, siempre hay alguien que nos cuida…”

Es caprichosa esta vida, que me ha permitido disfrutar del “heredero de la dinastía Fernández” a nueve mil kilómetros de distancia de mi querido México, tal y como aparece en el cartel de su gira, “Voz de mi sangre”. Este mexicano, que derrochó talento y voz sobre el escenario, se ganó al público desde el primer momento al ritmo de su mariachi, que arrancó la noche con la conocida “Guadalajara”, una ranchera que consiguió que los pies se movieran solos. Avisó de que iba a haber muchas sorpresas, y las hubo. Sin duda, el momento estelar llegó cuando apareció en la pantalla Vicente Fernández, su abuelo. Es imposible olvidar el mensaje que se proyectó, porque es cierto que tanto su hijo como su nieto cuentan con el apoyo del público a este lado del charco y al otro. Por si esto fuera poco, Alex Fernández nos deleitó con una actuación inolvidable: las tres generaciones cantando “Volver, Volver” una de las rancheras más emblemáticas de la música mexicana… A más de uno se le puso la carne de gallina.

Y ahora que he hablado del apellido Fernández en México, y de cómo éste va unido a una historia musical, es justo decir que Alex Fernández ha sabido enfrentar ese peso con inteligencia y sensibilidad. En lugar de intentar competir con el legado de su familia, ha elegido honrarlo desde su propia personalidad. Así es su mariachi pop. Su voz es inconfundible porque no busca imitar a nadie. Tiene matices propios, es honesta y sabe conectar especialmente con quienes todavía creemos en la emoción de una buena canción de amor, de desamor, una ranchera o una serenata. Él, sobre el escenario, es elegante y sereno.

Durante la hora y media larga que duró el concierto, las canciones se fueron sucediendo sin dar tregua a un público que se iba mexicanizando por minutos. No faltaron los aplausos, los “ándales” y hasta las banderas del país azteca. En mi interior, comenzaron a brotar muchos recuerdos de México. Comencé a extrañar a muchas personas y aunque estaba en Castellón, por un rato, volví a la tierra del mariachi, a la tierra del tequila y el agave, a la tierra del sol, a la tierra de los charros y a la tierra del águila y la serpiente.

Volvería a ver a Alex Fernández con la misma ilusión que esta vez, porque lo auténtico se siente y se transmite. El broche de oro de la noche llegó como tenía que llegar. Sinceramente, Alex, fuiste “El Rey” desde el principio. Estoy segura de que tu legado no ha hecho más que empezar. Vicente Fernández reinó, Alejandro Fernández reina desde hace tiempo y tú, si me lo permites, con el público en pie y aclamándote porque brillabas y pedían más de ti, estás llamado a escribir tu propia historia dentro de una dinastía que ya forma parte del alma de la música mexicana. Porque hay voces que no buscan reemplazar a nadie, sino encontrar su propio lugar en la memoria de quienes las escuchan. Y la tuya, Alex, ya ha empezado a quedarse en la mía.

Y todo esto lo escribe una española de corazón mexicano, a la que solo le queda añadir: ¡Viva México!