La congruencia perdida
- Julián Chávez Trueba
- 5 mayo, 2026
- Columnas
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Por: Julián Chávez Trueba
A mitad de la semana
En política, la congruencia no es un valor accesorio, es o debería ser, la columna vertebral del ejercicio público. Sin embargo, en estos tiempos pareciera que la congruencia se ha convertido en una especie de lujo moral, prescindible frente a la urgencia del cálculo, la narrativa y la supervivencia en el poder o del “movimiento”.
Ser congruente implica algo muy simple, pero profundamente incómodo: sostener con hechos lo que se prometió con palabras. Y ahí es donde empieza el problema, porque en campaña todo es claridad, firmeza y hasta convicción, se condenan prácticas del pasado, se promete ruptura, se habla de transformación. Pero ya en el poder, esas mismas líneas se diluyen, se reinterpretan o, de plano, se olvidan. No por error, sino por conveniencia.
Un ejemplo reciente se puede observar en el actuar de Claudia Sheinbaum, quien llegó al poder con la bandera de continuidad de un proyecto que prometía ciertos principios inamovibles: austeridad, cercanía con la gente y una estrategia de seguridad que no gustaba mucho. No obstante, conforme avanzan los meses, empiezan a percibirse ajustes, matices y decisiones que, si bien pueden tener lógica administrativa, se alejan del discurso original.
Y aquí no se trata de negar la complejidad del gobierno, pues a pesar de lo que dijera algún día Andrés Manuel López Obrador, gobernar no es sencillo, tiene su ciencia, y muchas veces la realidad obliga a modificar posturas. El problema no es cambiar, sino no reconocerlo. No explicarlo. No asumirlo con transparencia.
La incongruencia, cuando se vuelve sistemática, erosiona la confianza pública, porque el ciudadano no exige perfección, pero sí espera honestidad intelectual. Si se prometió una cosa y se hace otra, lo mínimo que se espera es una explicación clara, no un silencio estratégico o una justificación endeble. Que el ejército a los cuarteles, que abajo el USICAMM, que no toleramos la corrupción, que medicamento para todos, que prohibido el fraking…
La política mexicana ha padecido históricamente de este mal: discursos encendidos que se enfrían al tocar el poder. Y mientras esa práctica continúe, la distancia entre gobernantes y gobernados seguirá creciendo.
Ser congruente no garantiza popularidad inmediata, pero sí construye algo mucho más valioso: credibilidad a largo plazo.
En un país donde la confianza es cada vez más escasa, la congruencia no debería ser una opción, debería ser la regla.





