AHORA, ATLETI, AHORA

A una final de la final. O lo que es lo mismo, el Atlético de Madrid está a noventa minutos de sellar su pasaporte a Budapest. Es un sueño, sí, pero es alcanzable, también. Y quien no crea que no siga leyendo porque quien escribe estás palabras aprendió hace mucho tiempo que nunca hay que dejar de soñar. Y sueño porque los sueños nos alimentan no solo las ilusiones sino nuestra forma de entender la vida. Hay despertares que no gustan, pero cuando entiendes que el rojiblanco está en la esencia de tu ADN, hasta ese momento todo es posible.

Y lo es porque la eliminatoria está igualada y porque en Londres habrá una representación de toda una afición que hace una semana dejó una huella irrepetible en los anales del fútbol. No importa desde donde se vea el encuentro porque los nuestros saben que estamos con ellos. Es cierto que no estaremos todos físicamente, pero nadie va a faltar. Estará el niño que se enamoró de estos colores sin saber por qué, el abuelo que enseñó a sufrir con orgullo, la voz rota de cada noche imposible en el Calderón y en el Metropolitano. Estará la memoria y estará el presente, empujando juntos. Sufriremos lo que sea necesario para arropar al equipo.

La Champions no entiende de atajos ni de merecimientos escritos de antemano. La Champions se conquista desde esa forma tan nuestra de resistir cuando todo aprieta y de creer cuando otros dudan. Noventa minutos. Sólo noventa. (Esperemos que no más).

Este es el momento en el que la historia no se recuerda: se escribe. Este equipo sabe que no camina solo porque tras cada paso hay detrás millones de latidos que no se rinden, y por supuesto, que no abandonan. Y cuando las fuerzas flaqueen, cuando el reloj pese más que nunca, será ese empuje invisible el que sostenga a los nuestros. No lo dudo.

Hay que ganar, sin duda. No hay que olvidar nunca a Luis Aragonés. No hay que olvidar lo que significa esta camiseta y este escudo. Simplemente, se trata de ser fieles a lo que nos ha traído hasta aquí. De competir como sabemos, de no bajar la cabeza, de entender que cada balón puede ser el último y, por eso mismo, el más importante. No se puede fallar. Cada esfuerzo cuenta y cada duelo se pelea como si fuera decisivo.

Ahora, Atleti, ahora. Es el momento de mirarse y reconocerse. De saber que el sueño está ahí, al alcance de una noche eterna. De entender que no hay miedo cuando lo que te empuja es el corazón. Que no hay distancia cuando una afición entera respira al mismo ritmo porque hay noches que no se juegan: se sienten. Y esta es una de ellas.

Si algo hemos aprendido es que, cuando el Atleti cree, no hay imposibles que se le resistan.

Es el momento. Es ahora. Es luchar. Es soñar. Es sentir. Es vivir. Es creer…Es Atlético de Madrid.