Tres veces te engañé…

Por Julián Chávez Trueba

Andrés Manuel López Obrador dejó planteados algunos ejes que, convertidos casi en legado, fueron retomados en campaña por Claudia Sheinbaum. Sin embargo, ya en el ejercicio del poder, varios de ellos han quedado como engaños no tanto para la sociedad sino para su mentor.

1. Seguridad: del discurso a la acción La continuidad del “abrazos, no balazos”, máxima del lopezobradorismo que prometía una estrategia de seguridad distinta a la de Calderón que, si bien la presidenta ha reiterado el discurso, en los hechos ha tomado mucha distancia. A través de Omar García Harfuch, el gobierno federal ha optado por acciones directas contra grupos criminales, particularmente contra el Cártel Jalisco Nueva Generación, logrando detenciones relevantes. Un giro que, para muchos, resulta necesario; pero que contradice el planteamiento original ¿no?.

2. Educación: una reforma en pausa La promesa de cancelar los efectos de la reforma educativa previa, especialmente en lo relativo al acceso a plazas docentes quedó en solo eso. En su momento, el modelo de evaluación buscaba fortalecer la calidad educativa mediante la profesionalización del magisterio. Hoy, esa discusión ha quedado en un limbo: no se ha retomado con seriedad el impulso a la meritocracia docente, pero tampoco se ha revertido del todo. El resultado es un sistema sin rumbo claro y con actores —particularmente sindicales— inconformes. ¿qué va a pasar ahí?

3. Energía: pragmatismo sobre convicción El tercer eje es el del fracking. Durante años, se presentó como un símbolo del deterioro ambiental que debía evitarse, sin embargo, el nuevo gobierno ha optado por priorizar la soberanía energética. La contradicción es evidente: aun con la explotación de hidrocarburos, la dependencia externa no desaparece del todo, y el costo ambiental permanece. Se sustituye una dependencia por otra, sin resolver tomar un rumbo cierto a la soberanía energética.

Lo cierto es que Andrés Manuel López Obrador también prometió mantener a las Fuerzas Armadas en sus cuarteles, proteger el medio ambiente y limitar su participación en tareas civiles. La realidad fue distinta: militarización creciente, proyectos de infraestructura cuestionados ambientalmente —como el Tren Maya— y una política energética que priorizó combustibles fósiles sobre energías limpias.

La pregunta es entonces: ¿estamos frente a una traición de principios o ante una adaptación pragmática al ejercicio del poder?

Ojalá que estos “incumplimientos” del nuevo gobierno terminen por traducirse en beneficios reales para la sociedad y no repitan el patrón de decisiones que, bajo el argumento de la necesidad, terminaron afectando el interés público.

Desde esta columna seguiremos atentos. Porque en política, más que las promesas, lo que verdaderamente cuenta son los resultados.