EL VALLE DEPORTIVO

Pedro Eric Fuentes López

El Espejo de la Realidad: Más que una Meta, una Visibilidad Necesaria. PEFULO

En el mundo del deporte, solemos encandilarnos con las luces de los estadios llenos y los contratos millonarios. Pero, ¡ojo!, que detrás de esa cortina de humo, hay una lucha que no se juega en la pista, sino en el reconocimiento. Hoy, hablar de Brenda Osnaya, es sinónimo no sólo de resiliencia, sino de razones suficientes para vivir y demostrar con ejemplo, que a pesar de los avances en todas las áreas, hay una con toda claridad que sacude: La brecha sigue siendo evidente. Y tiene toda la razón, porque mientras el deporte convencional vuela en jet privado de la difusión, el deporte adaptado parece que todavía viene remando contra corriente en una balsa de buena voluntad.

Es cierto, y hay que decirlo con todas sus letras, sí se ha avanzado, y al menos no se está donde hace diez años, cuando el silencio era el único espectador de las hazañas de varios contendientes de vida y deporte. Pero también, el crecimiento y desarrollo no va a la par. Es como si se tratara de una carrera de relevos donde a un equipo le dan tenis de última generación y al otro le piden que corra descalzo. ¡Así no se puede, señores! Y para muestra el botón cuando hasta Río 2016 empezamos a ver, de verdad, los Juegos Paralímpicos en la pantalla. ¡Imagínense el tiempo que estuvieron a oscuras! Disciplinas enteras fuera del radar, talentos que se forjaban en la sombra sin que nadie les gritara un “¡viva!”…

Sigo insistiendo que hoy día, las redes sociales arden con el deporte convencional; llegan patrocinadores, se firman exclusivas, seguimiento, apertura, apoyo incondicional, becas, incentivos, etcétera, pero en el deporte adaptado, el motor parece que todavía necesita ese empujón extra. Y que quede bien claro, no es falta de calidad, ¡por favor! Es tan valioso lo que hace un atleta paralímpico como uno convencional. En el adaptado no hay categorías de esfuerzo, el sudor sabe igual y la gloria pesa lo mismo.

Hay que captar, entender y darle la real dimensión al tema, porque los deportistas y/o atletas con esa sabiduría que solo dan los años en el deporte de alto rendimiento, saben que el cambio también es responsabilidad de los propios protagonistas. Tienen que dar la cara, hablar y contar la historia detrás de la medalla, el triunfo, la derrota, la sonrisa y el llanto, lo vulnerable y hasta de pronto de esa arrogante altivez, para que la gente, las familias, los medios y sus secuaces también conozcan este fascinante mundo, porque no se trata solo de ganar, se trata de existir en la mente del aficionado, de todos, porque es claro: si no te ven, no existes; y si no existes, el apoyo no llega. El propósito de los atletas del deporte adaptado trasciende más allá de sus propias vitrinas de trofeos, y es que cada día es mayor la cantidad de niños y niñas con discapacidad que bien pudieran tener esa otra oportunidad de vida, desarrollo y vigencia. Eso, amigos es el verdadero espíritu olímpico, el que busca dejar la puerta abierta para los que vienen detrás. El primer paso, el más básico y fundamental, lo resumo con maestría: Que los vean, atiendan, preparen, cuiden y trasciendan.

Así que, desde este Valle, sigo y seguiré insistiendo en que el llamado es para todos: medios, marcas, aficionados, autoridades, organismos, sociedad en general y más, a que abramos los ojos, enfoquemos la visión y démosle al deporte paralímpico el lugar que se ha ganado a pulso, con sangre, sudor y una determinación que ya quisiéramos muchos. Porque al final del día, el deporte es uno solo, y la pasión no conoce de capacidades, solo de corazones que laten al ritmo de la competencia.

Pásenla bien!!!