Reforma Electoral… ¿del pueblo? 

Por Julián Chávez 

A mitad de la Semana

Explicaremos algunos puntos de la reforma electoral que presentó Rosa Icela Rodríguez en la llamada “mañanera”, tomando en cuenta el orden propuesto:

1. 500 diputados todos por votación directa

La representación proporcional —explicaba en una entrevista José Woldenberg— nació por la necesidad de representar a las minorías. Esto es, si en un distrito gana la opción A con 10 votos y la opción B pierde con 9, tal distrito contará con la representación del diputado A; sin embargo, en la toma de decisiones en el pleno, esos 9 votantes, a pesar de ser casi la mitad, no tendrían voz.

La representación proporcional permite que esas minorías obtengan presencia en el Congreso. Al pedir que todos los diputados sean votados por mayoría directa, implicaría multiplicar los distritos, aumentar campañas, promocionales, spots y publicidad en los municipios, además de impedir que esa representación proporcional llegue convertida en diputaciones. Estaríamos ante un sistema donde sólo quien gane su distrito accede al cargo. Mayorías absolutas, minorías invisibles.

2. Reducción del gasto en 25%

Las pasadas elecciones presidenciales en México costaron aproximadamente 60 mil millones de pesos, considerando el costo anual de autoridades administrativas, jurisdiccionales y el financiamiento a partidos políticos. Ese presupuesto ya conlleva carencias: falta de personal, apoyos eventuales limitados, reducción de capacitadores, entre otros.

El llamado “huachicol fiscal” costó alrededor de 100 mil millones de pesos en un solo año (sin contar los cinco años en que se acreditó su operación). El Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) costó poco más de 235 mil millones de pesos —muy por encima de los 75 mil millones presupuestados— y no ha resuelto la saturación del Aeropuerto Internacional Benito Juárez.

¿No sería mejor perseguir el delito, endurecer los mecanismos contra la corrupción y analizar con eficiencia las decisiones financieras del gobierno, antes de reducir una parte relativamente menor a algo que sí funciona? Disminuir el financiamiento a los partidos puede abrir la puerta al dinero sucio. ¿Por qué no endurecer los controles contra el financiamiento del crimen organizado en campañas electorales, antes que bajar de manera simplista el presupuesto del árbitro electoral?

7. Cómputos distritales inmediatos sin PREP

En la misma entrevista, José Woldenberg señalaba que el Programa de Resultados Electorales Preliminares (PREP) otorgaba certeza a la ciudadanía y evitaba que todos los candidatos se declararan, de manera anticipada y errónea, ganadores. Además, concedía un plazo razonable a los partidos para preparar impugnaciones antes de los cómputos distritales.

Sin PREP, los partidos inconformes con la elección tendrían mayores dificultades para aportar pruebas suficientes en caso de controversia. La transparencia no es un lujo; es una garantía democrática.

9 y 10. No nepotismo y no reelección hasta 2030

Estas son propuestas positivas. Sin embargo, no existe una justificación clara para que no entren en vigor desde la siguiente elección. ¿Por qué hasta 2030 y no ahora? Si son correctas, que sean inmediatas; si no lo son, que se expliquen las razones del diferimiento.

Lo que debe quedar claro es que esta reforma no surge de una exigencia social organizada, como ocurrió en las reformas de 1996, 2007, 2008 o 2014. No ha habido un reclamo masivo del pueblo exigiendo un cambio de reglas; no ha habido marchas ni un movimiento amplio que cuestione el modelo electoral vigente.

Incluso, esta propuesta no nace de los partidos aliados al poder ni del partido en el poder, sino del Gobierno Federal. Es decir, no es producto de una demanda plural; es una iniciativa del Ejecutivo.

Ya lo dijo el coordinador parlamentario del PT: con estas reglas llegaron al poder. Hoy detentan el Ejecutivo, el Legislativo y han influido en el Judicial; tienen al árbitro y ahora pretenden modificar las reglas.

La democracia no se defiende cuando todo está perdido; se defiende cuando aún hay equilibrio. Esta puede ser la última línea de contención frente a una concentración excesiva de poder. Ojalá que el planteamiento de esta reforma electoral no prospere sin el debate profundo y la participación real de la sociedad.

Porque si no nace del clamor social, no puede llamarse reforma del pueblo.