Feliz cumpleaños a lo que queda del PRI
- Elva María Maya Marquez
- 3 marzo, 2026
- Columnas
- 0 Comments
Este 4 de marzo, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) celebra su cumpleaños número 97, un hito que, lejos de evocar nostalgia y orgullo para quienes militan o simpatizan con este partido, debería ser un momento de reflexión y autocrítica. Esta institución, que una vez fue sinónimo de estabilidad — por métodos cuestionables— y poder en México, ha visto un declive irreversible, particularmente desde 2018.
Este acontecimiento no solo marcó un punto de inflexión en la política mexicana, sino que también ha puesto en evidencia el agotamiento de un partido que marcó la historia del país. Sin embargo, la caída del PRI no es una consecuencia aislada; es el resultado de décadas de malas prácticas por llamarlo menos, y un distanciamiento palpable con la ciudadanía.
Los escándalos de corrupción han sido patentes: desde los casos de desvío de fondos hasta la impunidad que rodea a sus líderes, el partido ha estado en el ojo del huracán. Las investigaciones sobre exgobernadores y funcionarios han revelado una cultura de corrupción que se normalizó dentro de sus filas, creando un hartazgo y desencanto entre los votantes.
A lo largo de los años, el PRI facilitó la llegada de familiares y amigos a puestos clave, priorizando las lealtades personales sobre la competencia y la meritocracia (situación que, a la fecha está presente en todos los partidos políticos). Esta dinámica ha llevado a que muchos ciudadanos percibieran al partido como una organización cerrada, incapaz de ofrecer verdadera representación y atención a las demandas de la ciudadanía.
Por lo anterior, la población ha dejado de ver al PRI como una opción viable. Con la llegada de “nuevas fuerzas políticas” y la reconfiguración del panorama partidista, el PRI enfrenta un dilema existencial. Se encuentra atrapado en el pasado, mientras el presente avanza rápidamente hacia un futuro que ellos no han sabido interpretar ni aprovechar.
En este aniversario, el PRI tiene la oportunidad de reconocer sus errores y realizar los cambios necesarios para reinventarse, aunque siempre será más sencillo decirlo que hacerlo, y bajo la dirigencia de Alejandro Moreno, es casi imposible. No obstante, a menos que haga esto, el camino hacia su desaparición será inevitable.
Muchos analistas aseguran que el PRI se encuentra en “fase terminal” o “terapia intensiva”, ya que, en los últimos años, más que una recomposición, lo que se observa es un desmoronamiento. Cabe señalar que en 2018, el PRI no solo perdió la presidencia, sino también gran parte de su presencia en el Congreso y en gobiernos estatales. Entre 2021 y 2025 el PRI perdió, bajo la dirigencia de Alejandro Moreno, 11 gubernaturas y dejó de administrar los destinos de más de 41 millones de personas. Actualmente, el partido revolucionario institucional cuenta únicamente con dos entidades: Coahuila y Durango.
Es evidente que “los mejores años del PRI”, donde el mapa de la república mexicana se pintaba de rojo, son parte del pasado. Después de las elecciones presidenciales de 2018 y 2024 —donde no se puede pasar por alto que en estas últimas llegó por primera vez sin un candidato propio— ha sido incapaz de articular un proyecto político sólido que lo reposicione frente a la ciudadanía. La narrativa de modernización y justicia social que alguna vez lo sostuvo se ha visto sustituida por escándalos, pugnas internas y una dirigencia cuestionada.
El PRI tampoco puede ser optimista sobre su futuro con base en su desempeño en el ámbito nacional durante los tres últimos procesos electorales para diputados federales, pues entre 2018 y 2024 apenas alcanzó a ganar, por separado, 12 diputaciones federales en tres procesos consecutivos, en los cuales se contendió, en cada uno de ellos, en 300 distritos electorales. En este mismo tenor, en 2024, el PRI no ganó ninguna Senaduría de Mayoría Relativa.
El problema no es solo electoral, sino estructural: el PRI no ha logrado reconciliarse con su historia ni ofrecer un proyecto convincente para el futuro. Su discurso se ha quedado atrapado entre la nostalgia de lo que fue y la incapacidad de adaptarse a lo que México necesita.
Por su parte, los partidos de oposición más que alegrarse del declive de este partido, deberían tomar nota de aquello que no se debe hacer, ya que puede pasarles exactamente lo mismo. Y que nadie se confunda, una cosa es que el PRI desaparezca, y otra que sus formas de hacer política lo hagan.
En los memorables 97 años del PRI, habrá quienes propongan un brindis deseando que siga con vida. Aunque también se puede celebrar que pese a la trágica dirigencia de Aejandro Moreno, sigue en pie, y aun cuando el pastel tiene más velitas que motivos para celebrar, se puede desear un ¡feliz cumpleaños! a lo que queda del PRI.






