EL VALLE DEPORTIVO
- Pedro Eric Fuentes López
- 23 febrero, 2026
- Columnas
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Pedro Eric Fuentes López
“Una bicicleta no solo es un viaje, sino una serie de momentos que te cambian la vida…”
Soy de la generación de la bicla “vagabundo”, de las Windsor, Benotto, Mercurio y Bimex, entre otras, donde pululaban esas jacas con marcos de acero, diseños pesados, componentes mecánicos duraderos y estilos tipo chopper o de ruta, estas bicicletas, a menudo indestructibles, marcaron la infancia de la época con modelos icónicos que invitaban a conquistar las calles cercanas y lejanas de la colonia, e incluso aventurarse a todo un tour hasta llegar -en mi caso- al calvario y de retache. Era toda una osadía y valentía aferrarse a los pedales y al manubrio para no sufrir una de esas espeluznantes caídas, porque si no, lo peor era arribar a casa con rodillas raspadas, codos casi casi pelados, chamagoso, pantalón roto, y la mugre que quedaba donde ya habían rodado las lágrimas, ya que eso no importaba, sino que tocaban las caricias de los papás, incluyendo el acomodo de cabello de una forma tan sutil tipo jalón de greñas de alto nivel, una levitación sin toques mágicos más allá de esa levantada de patilla como si fuera el roce de un pétalo de rosa, ah, y además de todo, el consabido y majestuoso, discurso amoroso cargado de crueldades amenazantes que te dolían más que los trancazos, etcétera, pero el tema era ese amoroso binomio trazado con la bicicleta, incluido, recuerdo, llegar a la “cueva del diablo” disque enclavada en el cerro de Coatepec, en Ciudad Universitaria, pero ñaaaaaa, la osadía llegaba hasta donde comenzaban las dudas y el miedo te invadía y paralizaba. Además, era cuidar la bicla, o sea, no nada más eran las pelotas y balones, sino mantener la jaca de acero en buenas condiciones. Uffffff! De la vagabundo pasamos a una BMX 26 de esas donde tenías que meter una pierna en el cuadro para darle al otro pedal y así poder rodarla, esas sí que eran proezas mayúsculas, no cualquiera se rifaba a eso, y menos, a correr el alto riesgo de tu pantalón se enredara en la cadena y ahí sí, no maaaaaaaaaaaa, era un atentado sideral, pero como todo en la vida, era cuestión de tiempo, práctica y disciplina. Tiempo para crecer y alcanzar el asiento, por tanto, a pedalear mejor y con tanta práctica hasta soltar el manubrio e invocar al más si osare para que viera quien era quien en la bici. Pero cuando estreché mi rostro con el baldío donde hoy es la ESDEP Toluca, entre piedras, pasto seco y vaya a saber qué más, ahí sentencié que no más bike, y más deportes en conjunto.
Pero eso fue la punta de la lanza para apreciar, estudiar y seguir más de la disciplina y sus derivados, entonces cuando abracé mi profesión tocaba mucho cubrir ciclismo y el clímax, llegó con la Vuelta Estado de México y Vuelta a México -ambas extintas- donde vi correr a los Raúl Alcalá, Miguel Ángel Arroyo, Luis Rosendo Ramos, entre muchos más, donde mi camarógrafo y yo nos subían a una motocicleta para seguir el rumbo o bien pegados como moscas a la pared, en la parte baja de la famosa barredora, para tener el mejor material posible y entrevistarlos para posterior hacer las notas y difundirlas. Eso era otro nivel, había mucha tracción, difusión y respaldo, tanto en lo deportivo como en lo corporativo y, sin embargo, faltaba el do de pecho, que los pedalistas mexicanos fueran al extranjero con equipos de alto calibre. Muy pocos tuvieron esa dicha y poco tiempo.
Ahora bien, sí de por sí es difícil establecer quién ha sido y/o quién es el mejor ciclista mexicano en la historia, ahora mismo resulta que por lo conquistado hasta el momento, tendremos que darle el cetro al chamaco de Ensenada, Baja California, Isaac del Toro, deportista que saltara a los reflectores mundialistas hace dos años y que, en el 2025 vio consagrarse como una estrella fulgurante en el firmamento, digno de todo reconocimiento por su profesionalismo, entrega, dedicación y amor, a una de las disciplinas más extenuantes que requiere, entre otros temas, un sacrificio incluyendo aquel contra uno mismo. Lo que debe impactar altamente en una sociedad como la nuestra donde los deportes de conjunto son como religión dejando de lado a las disciplinas individuales, empero cuando surgen como el caso en comento estrellas, saltan los sabios y conocedores como si supieran lo que dicen. El tema de Del Toro, es la extraordinaria capacidad atlética y mentalidad triunfadora a prueba de fuego, en cuya incorporación a un equipo extranjero le ha brindado lo mejor del ciclismo para él y su familia. Pero lo que conseguirá pedaleo a pedaleo, apenas lo estaremos viendo y lo mejor, es que esta generación podrá contar que el mejor es y será Isaac.
Pásenla bien!!!




