PERIODISMO: UNA VOCACIÓN QUE NO SE ABANDONA, SE DEFIENDE

Viendo el calendario, el próximo sábado se celebrará la festividad de San Francisco de Sales, patrono de los periodistas. Tengo claro que hay profesiones que se eligen y otras que, sencillamente, te eligen a ti. Quizás, el periodismo sea una de ellas porque recuerdo perfectamente el día que aquella niña dijo en voz alta que quería ser periodista. Es una vocación, sí y ésta es precisamente la que te ayuda a afrontar un camino que está lleno de luces y sombras, de certezas y decepciones, pero un camino que debe estar guiado por la honestidad. Tengo claro que pase lo que pase, el periodismo, cuando se siente de verdad, no se abandona: se defiende. Es, sin duda, una forma de entender la vida.

Sería absurdo negar que esta profesión ha cambiado con el paso del tiempo. Esto sucede en todos los ámbitos. Las nuevas tecnologías, las redes sociales y la inmediatez han transformado todo: las rutinas, los formatos y, por supuesto, la manera en la que se consume la información. El problema no está en todo esto, los cambios son buenos, pero nunca se debe dejar de lado la esencia del periodismo. Ésta no está atada a modas o intereses porque su papel es fundamental nunca hay que perderlo de vista. El periodismo existe para contar la verdad, no para complacer, adornar ni suavizar la realidad. Ahí reside su verdadera libertad. El periodista no está para agradar, ni para servir a intereses concretos. Está para contar lo que ocurre, aunque duela, aunque incomode, aunque moleste a quienes preferirían el silencio. Y todo esto no puede caer en el olvido. Ahora muchos pensarán que es una utopía, pero la realidad demuestra que todavía hay grandes profesionales que llevan en vena estos principios.

Se nos llena la boca hablando de libertad, pero ésta es para todos. La libertad de prensa no es cómoda, nunca lo ha sido. Un periodista no trabaja para caer bien. Trabaja para informar. Y cuando lo que se publica genera incomodidad, críticas o ataques, suele ser una señal de que el trabajo está cumpliendo su función. Un trabajo, por cierto, que no necesita maquillajes de ningún tipo. Las cosas son como son. Eso sí, la opinión es plural y necesaria pero la realidad, en cambio, suele ser una sola. Es cierto que vivimos en ataques sistemáticos a los medios de comunicación y los señalamientos están a la orden del día. Quizás habría que darle una vuelta a todo esto porque la libertad de prensa no es un privilegio del periodista, es un derecho de la ciudadanía. Conviene repetirlo las veces que haga falta: sin una prensa libre no hay democracia. No hay excusas posibles cuando se habla de libertades fundamentales. Todos sabemos de lo que es capaz el poder político y cuanto recela del buen periodismo cuando éste no le es favorable. Quizás no vendría mal que algunos revisaran películas que retratan el oficio con crudeza y verdad.

Eso sí, el periodismo también es humanidad. Hay pequeñas historias que llegan al corazón y provocan empatía y sensibilidad porque el periodista también escucha, comprende y sabe acercarse al prójimo con respeto. Nunca dejemos de lado esta parte de la profesión. Ryszard Kapuscinski lo dejó claro: no se puede ser buen periodista sin ser buena persona. Seguramente, sea momento de recuperar esa mirada y reflexionar sobre el verdadero sentido del oficio.

En definitiva, el periodismo es una escuela constante. Ha sido mi escuela de vida y lo seguirá siendo porque es maravillosa como dijo Alejo Carpentier. Yo seguiré en ella, defendiendo mis principios y mi vocación. Y lo haré siempre con convicción, con responsabilidad y con orgullo. Porque, pase lo que pase, soy periodista.