Mundial 2026: Derrama económica, tensiones políticas y el despertar futbolístico de Canadá.

La Copa Mundial de la FIFA 2026, la primera en ser organizada por tres países, ha dejado un saldo de luces y sombras. Mientras el torneo ha sido un escaparate deportivo, también ha expuesto las profundas fisuras en la relación entre México, Estados Unidos y Canadá, y ha evidenciado que los beneficios económicos no siempre cumplen las expectativas.

El ambiente festivo del Mundial contrastó con un contexto de marcada tensión política. La administración de Donald Trump, con su retórica de potencia dominante, y las disputas comerciales, marcaron el ambiente. Las amenazas arancelarias y los comentarios sobre convertir a Canadá en el “estado 51” envenenaron la relación. Canadá y México, principales socios comerciales de EE. UU., se vieron en una posición incómoda.

 Las tensiones se extendieron a la relación bilateral, con acusaciones de que Canadá dejó a México “debajo del autobús” en las negociaciones con Trump. La Copa, concebida como unión, se convirtió en un reflejo de las rivalidades políticas. Incluso Trump, al final del torneo, ya especulaba con organizar otro Mundial en solitario, excluyendo a sus socios.

Para México, el Mundial representó una inyección económica significativa, aunque inferior a lo proyectado. La derrama total en el país se estimó en unos 2,543 millones de dólares, lo que equivale al 0.12% de su PIB. Esta cifra se quedó un 7% por debajo de las estimaciones iniciales. Organismos como KPMG habían pronosticado una derrama cercana a los 3,000 millones de dólares.

A pesar de no alcanzar las metas, el impacto fue notable. La Ciudad de México, como sede, fue la gran beneficiada con una derrama estimada entre 44,000 y 66,000 millones de pesos, la generación de más de 100,000 empleos formales y un aumento del 21% en el número de visitantes. Solo en la capital, el consumo con tarjetas bancarias creció un 30% durante el torneo. En contraste, las ventas en sectores como la gastronomía y el alojamiento estuvieron muy por debajo de las expectativas. El sector que sí superó pronósticos fue el retail (comercio minorista).

El Mundial ha actuado como catalizador para el fútbol en Canadá, que históricamente ha vivido a la sombra del hockey. Un estudio reciente confirma que el fútbol es ahora el deporte más practicado en el país y el de mayor crecimiento entre los jóvenes.

El torneo ha generado un aumento en la demanda de jugadores, entrenadores y voluntarios, consolidando su transformación deportiva. Económicamente, se proyecta que el evento aporte hasta 3,800 millones de dólares canadienses en beneficios, incluyendo 2,000 millones al PIB y la creación o conservación de 24,100 empleos. Se estima que cada partido en suelo canadiense genere 155 millones de dólares canadienses al PIB, posicionando al país como el que más empleo genera por partido entre los tres anfitriones.

El Mundial 2026 ha sido, en definitiva, un evento de contrastes: un éxito deportivo que ha visibilizado las tensiones geopolíticas, un motor económico que no cumplió todas las expectativas en México, pero que ha impulsado un cambio cultural profundo en Canadá, donde el fútbol, por fin, ha dejado de ser un deporte secundario.

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