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Por Rocío Hernández Rogel

La vida de las mujeres contemporáneas se ha caracterizado por la independencia económica, por salir a estudiar, trabajar y generar sus propios recursos, motivo por el cual también nos permite irnos de lugares sobre todo violentos. También nos ha permitido tener un autocuidado, desde ir a una consulta ginecológica, tomar terapia, poder comprarnos los zapatos que nos gusten hasta tener arregladas nuestras manos con manicura. Hablarles a nuestras hijas e hijos desde otro lugar en donde ellos y ellas miren que tenemos voz y voto en la sociedad, que si hoy elegimos compartir nuestra vida con alguien es por elección y no por obligación o por un trueque. Hoy nos miramos como humanas y no como objetos.

Este acto de libertad se ganó hace tiempo, echando una mirada hacia atrás, por todas esas mujeres que no podían hacerlo, que se quedaban en casa con labores domésticas todo el día y cuidando de las hijas e hijos, porque esa era la “obligación”, ese rol de cuidadoras atribuido por la familia y la sociedad. No podían opinar sobre política, economía, sexo o sexualidad, ellas solo estaban ahí para servir, para estar al pendiente del proveedor que era el esposo, esa figura masculina donde su rol era salir a trabajar y llevar dinero al hogar para que la mujer hiciera maravillas con lo que le daba, tenerle la comida lista, las camisas o la ropa lavada, almidonada y planchada, tener sexo cuando ellos querían y como ellos querían; si bien les iba podían salir con amigas, si es que tenían, sino, pues solo las que llegaban a hacer en las iglesias o el mercado.

Esas mujeres que callaron todo eso y más por mucho tiempo, pero que un día comenzaron a despertar, a revelarse, a cuestionar y a dejar de esperar a que la vida se les pasara detrás de la estufa y cambiando pañales; y por si fuera poco, soportando el machismo en su máxima expresión. La libertad y ser valiente nos ha salido cara (desafortunadamente) y a ellas más, algunas fueron llamadas brujas y quemadas en las hogueras, otras desheredadas, otras maldecidas por su propia familia, pero decidieron pagar el precio para que hoy podamos estar nosotras gozando de esa libertad, aunque sabemos que seguimos trabajando par seguir rompiendo techos de cristal, creencias, ideologías y volver a tomar el estandarte feminista con mayor responsabilidad y visibilización.

Todo esto te lo comparto, porque estoy un tanto alarmada e impactada al mismo tiempo, sobre el famoso termino que se ha puesto de “moda” sobre todo en las redes sociales, que se trata de: “tradewifes” que es la abreviatura de: “traditional wife” que quiere decir: “esposa tradicional”, en donde en las redes y sobre todo creadores/as de contenido con millones de seguidores, promueven este movimiento dando la apariencia e invitación a una vida de mujeres más doméstica y “tranquila”. Buscan “empoderar” a las mujeres para que puedan cumplir su “rol” de esposas.

El argumento transita con el discurso de que las mujeres deben someterse a lo que su marido les provea y a su liderazgo, que salir a trabajar y prepararse es antinatural. El mensaje va oculto, porque todo comienza con recetas de cocina, decoración del hogar, consejos de maternidad entre otros, que los hacen ser “inofensivos”, pero después sale a la luz el verdadero mensaje, que es la promoción de una mujer más doméstica renunciando a su libertad de elegir, de opinar, de decidir; es decir a tener un retroceso en todos los avances ya mencionados para la mujer.

Esto tristemente ha escalado a las esferas políticas en donde se han visto discursos con la invitación de mismas mujeres para renunciar a su derecho al voto y dejar que el hombre sea el que tenga la última palabra, misma acción que ya hizo un político “panista” promoviendo la iniciativa que los masculinos sean quienes emitan el sufragio.

¿Qué tan incómodas estamos siendo las mujeres para los grupos de poder y la esfera pública?

No olvides formar tu frase.

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