¿Cuándo se jodió el fútbol?
- Elva María Maya Marquez
- 1 julio, 2026
- Columnas
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Si existe algún deporte global es el fútbol, casi no hay espacio geográfico que escape a su práctica e influencia. A lo largo de los años, se ha convertido en un estilo de vida para muchos mexicanos. Forma parte del día a día de la gente, sea aficionada o no. El fútbol está en las noticias, en los periódicos, en las redes sociales y en cualquier parque o lugar público, con las personas “echando la reta”. Lo anterior, ha permitido generar un profundo arraigo familiar y comunitario.
En materia mediática, la exposición masiva con la que cuenta es superior a la de cualquier otro deporte —por lo menos en México—. Asimismo, funciona como vehículo de integración, permitiendo a distintos estratos sociales experimentar un sentido de pertenencia y catarsis colectiva.
Los orígenes del Fútbol se remontan a 1848 en las Islas Británicas, específicamente en la universidad de Cambridge, donde se establecieron las primeras reglas de este deporte. A lo largo de los años, ha crecido en cuanto a popularidad, llegando hasta la parte más recóndita del mundo. Ahora bien, ¿Cuándo llegó el Futbol a México? Alrededor de 1900, cuando el presidente Porfirio Díaz, otorgó minas a los británicos en Pachuca, entonces los trabajadores fundaron el Pachuca Athletic Club, que es considerado como el primer equipo mexicano. En ese entonces, solo las clases altas podían practicar dicho deporte, tal vez por los uniformes tan caros que se debían utilizar, el calzado que era innovador y venía de Europa, o simplemente por las canchas que solo los clubes burgueses de México se podían permitir (Merlos, 2024).
Con el paso del tiempo, el fútbol comenzó a expandirse y tomó notoriedad en las zonas populares, lo que provocó el surgimiento de diferentes clubes que venían de las clases bajas. Los equipos como Necaxa y Atlante, con sangre cien por ciento mexicana, hacían frente a los equipos como el Real España y Asturias, los cuales eran la representación de España y la clase burguesa, motivo por el cual, la mayoría de los mexicanos apoyaba a los equipos nacionales. Dicho lo anterior, queda claro que, en el contexto mexicano, el fútbol no siempre fue un deporte accesible como muchos piensan, estuvo reservado a cierta élite, tal como sucede en el mundial 2026.
En un contexto más reciente, el fútbol se asocia con un espacio de convivencia, tardes en la cancha y domingos en familia. El fútbol parecía un deporte fácil de practicar y de sintonizar, ahora, en cambio, se vende otra cosa: un producto empaquetado, medible, con “tarifa dinámica” — lógica que ajusta precios de un boleto según la demanda—, clasificado para cada sector de la población; desde la clase baja hasta la clase alta. El producto es el mismo, la manera para acceder a este depende del poder adquisitivo.
El cambio no fue de un día para otro, se fue colando, torneo a torneo, mundial tras mundial, hasta que la parte deportiva empezó a parecer un adorno detrás de la pantalla publicitaria. El estadio se ha convertido en un gigantesco estudio de televisión. Las camisetas son un cartel publicitario donde no cabe un patrocinio más. Los estadios y los campeonatos responden al nombre de quien paga; estadio BBVA, LigaMX BBVA, estadio Banorte, etc.
El fútbol, en su estado actual, es una maquinaria gigantesca. Patrocinadores que pelean por segundos en el medio tiempo, marcas que buscan estampar su logo en cada rincón posible. No es que el dinero sea el problema en sí, el deporte profesional siempre ha tenido una dimensión económica, el problema es la desproporción. La sensación de que lo deportivo ha quedado en segundo plano.
El fútbol sigue ahí, en las canchas improvisadas, en los partidos de barrio, en la emoción genuina que todavía sobrevive lejos de los reflectores. Pero el fútbol que vemos —cuando se transmite de manera gratuita— ese cambió, se ha vuelto excluyente y es más espectáculo que juego.
Ante la pregunta ¿Cuándo se jodió el fútbol?, la respuesta más honesta no es una sola fecha. Es un proceso. Se jodió cuando el aficionado empezó a ser visto con signo de pesos. Cuando a los jugadores les comenzó a importar más el patrocinio que “sudar la playera”. Cuando el boleto para el estadio dejó de ser un pase de entrada y se volvió un filtro. Se jodió cuando las marcas se apoderaron del terreno de juego y la belleza de una jugada se sustituyó por el lenguaje del consumo. El fútbol se jodió cuando dejó de apostar por el deporte como razón de existir y cuando el negocio no solo acompañó al juego, sino que lo reemplazó.









