LA HUMANIDAD MAGNIFICA Y HERIDA Dignidad, lenguaje y ética en el magisterio pontificio frente a revolución digital
- Daniel Valdez García
- 7 junio, 2026
- Columnas
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Sacerdote Daniel Valdez García
INTRODUCCIÓN
Pongo a su consideración este artículo sobre la encíclica “Magnífica Humanitas” del Papa León XIV, ojalá les resulte interesante y les sea útil.
El Papa nos ofrece, prácticamente, su primera encíclica; el término viene del griego y significa “circular”; se trata de una carta solemne del Papa dirigida a obispos, clero y fieles para enseñar, orientar la doctrina y abordar temas morales, sociales y espirituales.
La encíclica defiende la dignidad de la persona humana en la era de la inteligencia artificial (IA), subrayando que la dignidad humana está por encima de la técnica y advirtiendo contra un “colonialismo digital” que reduce a las personas a un tecnocratismo.
La tecnología no es neutral: debe ser cultivada, orientada y usada con responsabilidad. Promueve, además, una “alianza educativa” y una “ecología de la comunicación” para prevenir la desinformación y evitar la concentración de poder. Su síntesis es clara: el lenguaje importa, y la tecnología debe servir al bien común, no al dominio de unos pocos.
Su Santidad propone, con claridad, “Desarmar la IA” para que la inteligencia artificial se distancie de la lógica de la competencia armamentística, ya sea en lo militar, económico o cognitivo. La dignidad humana debe permanecer primero, por encima de la eficiencia o de la ganancia.
A este artículo, le di el título “La humanidad magnífica y herida” porque la encíclica aborda la grandeza de la humanidad y su vulnerabilidad. Se afirma que la humanidad conserva una dignidad infinita y una capacidad sublime de amar, incluso ante fragilidades y amenazas de destrucción.
Ofrezco tres ejes: La importancia del lenguaje, La factibilidad de un documento magisterial de estas características y el Llamado a la responsabilidad a la jerarquía de la Iglesia, lo cual va más allá de una lectura capítulo a capítulo.
Conviene señalar que este artículo, igual que los podcasts sobre la encíclica, invita a leerla en su totalidad.
1. La importancia del lenguaje
El lenguaje es el medio fundamental que nos humaniza y nos conecta. Frente a la frialdad de los algoritmos y la jerga technocrática, la encíclica invita a “desarmar las palabras”: evitar un uso utilitario o violento del lenguaje y favorecer un diálogo auténtico que preserve la dignidad de cada persona, evitando términos que humillen o fomenten el enfrentamiento. Debemos optar por una claridad que ilumine y una franqueza que construya puentes, alejándonos de una empatía simulada propia de las máquinas.
Las palabras auténticas recuerdan que detrás de cada tarea hay una vida real con emociones y dignidad. La verdadera comunicación no es solo intercambio de datos, sino una búsqueda del otro. A través del lenguaje expresamos nuestra conciencia moral, el perdón y nuestra vulnerabilidad, aspectos que ningún sistema automatizado puede experimentar. Es también la idea de la “cultura del encuentro” a la que alude el Papa Francisco.
La encíclica utiliza las imágenes bíblicas de la Torre de Babel y la reconstrucción de Jerusalén para advertir del peligro de un lenguaje algorítmico y digital uniforme, y propone, en su lugar, diversidad, verdad y construcción del bien común. Así como en la Babel original el orgullo humano llevó a la soberbia y a la confusión de lenguas, hoy el uso egocéntrico de la tecnología puede producir aislamiento y disolución de la verdadera conexión humana. Frente a esa dispersión, León XIV propone el modelo de Jerusalén, inspirado en Nehemías, como labor comunitaria y reconstrucción de los muros de la convivencia fraterna. En el párrafo 25 se afirma que la verdad debe entenderse “como un don que hay que compartir y no como una posesión que hay que reivindicar”.
Se ofrece, además, una exposición clara de los aspectos técnicos de la inteligencia artificial. El Papa adelanta la necesidad de evitar un lenguaje impuesto desde fuera, pues ordenar la Iglesia también exige revisar su propio discurso en el ámbito público. En el capítulo primero expone una visión realista del ser humano. Aunque reconoce la capacidad de maldad, las guerras y la fragilidad (la herida), destaca que la humanidad conserva intacta una dignidad infinita y una sublime capacidad de amar (lo magnífico).
También se recogen referencias a problemas sociales como la crisis del multilateralismo, nuevos imperialismos, conflictos bélicos y guerras asimétricas, la carrera armamentística, desigualdades económicas, la lógica de la fuerza, la investigación científica, el diálogo y la cultura de la negociación, la violencia y el terrorismo, la guerra cibernética, organismos internacionales, migrantes, refugiados y minorías, el cuidado de la creación, el diálogo entre religiones, la educación y la escolarización… y otros temas afines.
2. Factibilidad y alcance del documento magisterial
El capítulo segundo sistematiza y actualiza los principios de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). La encíclica se inscribe en la DSI, actualizando textos anteriores como la Rerum Novarum y la Laudato si’ para la era digital. Resalta principios como la dignidad humana, el bien común, el destino universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiaridad.Su viabilidad y capacidad para transformar la realidad dependen de su adopción en distintos sectores de la sociedad.
Funciona como una brújula ética para legisladores, ingenieros y corporaciones, promoviendo que el desarrollo tecnológico no se guíe solo por la eficiencia y el lucro, sino por principios de transparencia, equidad y respeto a los derechos humanos. Exige un diálogo real entre obispos, sacerdotes, vida religiosa, científicos, políticos, empresarios y usuarios, asumiendo una responsabilidad compartida. Su mayor reto práctico es enfrentar las ideologías de la “meritocracia algorítmica”, que midan el valor de una persona por su eficiencia o rendimiento de datos.
El alcance de la encíclica abarca prácticamente todas las dimensiones de la vida contemporánea. Aceptar este magisterio es un desafío para la jerarquía de la Iglesia y para los constructores de la sociedad. Pide una conversión antropológica que marque la diferencia ontológica entre la inteligencia artificial y la humana, rechazando que las máquinas asuman responsabilidad moral sobre la vida.
Advierte también sobre los peligros de las armas autónomas y la delegación de decisiones letales a algoritmos sin intervención humana, lo cual diluye la responsabilidad moral. Tan simple como que una máquina tome decisiones sobre la vida de una persona hospitalizada.Asimismo, llama a la protección social frente al impacto de la tecnología en sanidad, economía, trabajo, control de la privacidad y abusos como la desinformación o los deepfakes.3. Llamado a la responsabilidad de la jerarquíaLa encíclica no es una arenga distante, sino un clamor que exige respuesta.
La jerarquía, con los obispos a la cabeza, debemos levantarnos como faro de la dignidad humana en medio de un progreso que avanza a la velocidad de la pantalla y de los sistemas, para que la verdad no se convierta en un producto más de la eficiencia.
Que cada gesto pastoral, cada enseñanza y cada decisión institucional lleve la marca de la responsabilidad, la transparencia y la solidaridad, de tal manera que todos seamos protagonistas de la Civilización del amor, a la que nos exhorta el Papa León XIV , y que enseñaron los Santos Papas Pablo VI y Juan Pablo II. Debemos escuchar con paciencia las experiencias de las comunidades, recibir con humildad a científicos, juristas, tecnólogos y agricultores, y, de modo esencial, a la vida consagrada y a los laicos como constructores activos de la sociedad.
Traducir esa escucha en una guía pública que proteja la libertad, la vida y la justicia frente a la voracidad de la técnica. Que la Iglesia, en voz de nosotros los pastores, recupere la confianza social mediante una praxis visible: discernimiento, rendición de cuentas y acción concreta al servicio del bien común.
Enuncio algunas tareas que deben ser transversales a toda la pastoral: – Incorporar los principios de la encíclica en la enseñanza, la catequesis y la formación de la feligresía;
– crear espacios de diálogo entre clero, laicos, ciencia y tecnología para evaluar desarrollos tecnológicos y sus impactos en la dignidad humana;
– promover políticas pastorales y sociales que garanticen el bien común, la justicia y la protección de los derechos frente a la IA;
– establecer comisiones mixtas con expertos en tecnologías emergentes como la IA, la cibernética, la robótica, la ética, el derecho y la sociología para guiar su implementación;
– rendir cuentas públicamente sobre avances, desafíos y errores, y ajustar estrategias conforme a la encíclica;
– reconocer y acompañar la misión específica de la vida consagrada como agentes de bien común en áreas como educación, salud, ciencia, cultura y servicios sociales;
– promover la participación de la vida consagrada y de los laicos en procesos de discernimiento y gobernanza de proyectos tecnológicos y políticas públicas, asegurando representación y responsabilidad compartida;
– impulsar redes de colaboración entre jerarquía, vida consagrada y laicos para la promoción de la dignidad humana, la justicia, el cuidado de la creación, alfabetización digital, integrar a los más pobres y ser artesanos de esperanza.




