EL VALLE DEPORTIVO

Pedro Eric Fuentes López

El laberinto de la patada: El Mundial 2026 y nuestra eterna costumbre de buscar la gloria entre el relajo. PEFULO

Para mis amigos adictos al sufrimiento y al fútbol de cuarta categoría, este Valle hoy la escribo con cierta bilis y se tiene que leer con algo de lo que gusten en la mano para ahogar las penas de una vez. El Mundial 2026 ya está aquí y la verdad es que la FIFA nos vio la cara de tontos de forma magistral. Nos vendieron el cuento de que somos los “co-organizadores” del torneo del siglo junto a los gringos y los canadienses. ¡Por favor! A Estados Unidos le tocó la carne fina, con todo y sus estadios que parecen naves de la NASA. A Canadá le tocó el orden y el dinero. ¿Y a México?

A nosotros nos dejaron las migajas de la mesa y la bendición de revivir un Estadio Azteca que ya pide a gritos que lo dejen en paz. Pero al mexicano promedio le fascina que lo traten mal. Estoy seguro que algunos ya fueron corriendo a empeñar las joyas hasta de la abuela y a vaciar las tarjetas de crédito para comprar boletos carísimos. Todo para ver un partido de fase de grupos entre dos países que -seguramente- ni se sabe ubicar en el mapa. Somos el único país del mundo que gasta lo que no tiene para celebrar que los ricos se hagan más ricos en nuestra propia cara. La expectativa en las calles es una mezcla hermosa de locura y masoquismo puro. En las oficinas ya nadie trabaja. Los jefes ya se resignaron a que la productividad caiga a cero porque todos están armando la quiniela ilegal o buscando enlaces piratas en internet. El señor de los tamales ya se siente estratega europeo y te dice a quién debes correr de la Selección, a quién llamar y de plano, quiénes ni siquiera deberían estar…

Lo más divertido es que todos sabemos cómo va a terminar esto. Sigo creyendo a prueba de análisis de partidos, que la selección nacional juega peor que un equipo de solteros contra casados en domingo de resaca. Los jugadores están más preocupados por cuidar su peinado para los comerciales de papitas que por meter un gol. El director técnico tiene cara de que no sabe ni en qué país está parado. Vivimos con el miedo constante de hacer el ridículo histórico en casa, pero el mexicano es tan especial que ya tiene listos los memes para burlarse de su propia desgracia. Si vamos a llorar, que sea de risa. O seaaaaa. Inevitable e infortunadamente el negocio de los de pantalón largo es redondo y perfecto. Total, ellos ya cobraron sus millones en dólares y viajan en aviones privados. Mientras tanto, el aficionado de a pie va a comer sopa instantánea los próximos seis meses para pagar la playera verde original y, en todo caso, adquirirá de igual forma el clon llamado espejo para lucirla a todo lo que da. Nos encanta el circo y somos los bufones perfectos de la FIFA. Sin duda alguna, la fe de nosotros, del mexicano, es un caso de estudio psiquiátrico: sabemos que nos van a romper el corazón, pero ahí vamos de nuevo a formarnos en la fila del matadero con una sonrisa en la boca. Al final del día, este Mundial no va a bajar el precio de la gasolina ni va a tapar los baches de nuestras calles. Pero qué bien nos la vamos a pasar insultando a la pantalla y abrazando a desconocidos en los restaurantes y en otros lugares. El torneo ya empezó en la mente de nuestro gran y amado pueblo masoquista. Dicen y pregonan que la suerte nos acompañe, porque el fútbol no nos va a dar de comer, pero aahh cómo nos quita el aburrimiento. La mesa de debate está abierta y la polémica se va a poner buena. Pero la neta, díganme una cosa con total honestidad ¿ya tienen guardado el dichoso meme para cuando la Selección empiece a perder?¿qué excusa ridícula le van a decir al jefe para escaparse a ver los partidos?¿a qué santo le van a rezar para no quedar en el último lugar de la quiniela del trabajo?

Pero dejemos atrás las risas y los corajes por un momento. Al final del día, cuando las luces de los estadios se apaguen y la FIFA se lleve sus millones a Suiza, nos vamos a quedar nosotros solos con nuestra realidad. Este Mundial nos demuestra que los mexicanos somos capaces de unirnos, de organizarnos, de ahorrar y de armar una fiesta que asombra al planeta entero. Tenemos una energía colectiva que dobla el acero. El verdadero reto como sociedad es entender que esa misma pasión, esa misma fe ciega y ese trabajo en equipo que hoy gastamos en once jugadores, los necesitamos mañana para arreglar nuestras escuelas, para cuidar nuestras colonias, comunidades, ciudades enteras y, sobre todas las cosas y temas, para exigir un mejor futuro. Si tuviéramos la mitad de la exigencia que le damos a la selección para vigilar a nuestros gobernantes, México sería una potencia mundial. Usemos esta fiesta no solo para distraernos, sino para recordar lo fuertes que somos cuando jalamos todos para el mismo lado. Ese sería el verdadero golazo de nuestras vidas.

Pásenla bien!!!