AMÉRICA LATINA: RICA EN AGUA, POBRE EN SU VALORACIÓN
- Luis Eduardo Mejia Pedrero
- 19 abril, 2026
- Columnas
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América Latina y el Caribe viven una paradoja que resulta cada vez más preocupante: poseen una de las mayores disponibilidades de agua dulce del planeta, pero al mismo tiempo enfrentan problemas crecientes de escasez, contaminación y desigualdad en el acceso. Así lo advierte la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), que alerta sobre la profunda “infravaloración” del recurso hídrico en la región.
De acuerdo con el organismo internacional, América Latina concentra cerca de un tercio del agua dulce mundial, una cifra que, en teoría, debería garantizar seguridad hídrica para su población y sus actividades productivas. Sin embargo, la realidad es distinta: millones de personas aún carecen de acceso seguro al agua potable y al saneamiento, mientras que grandes volúmenes del recurso se desperdician o contaminan.
El problema, señala la CEPAL, no radica en la disponibilidad, sino en la manera en que el agua es percibida, gestionada y valorada. Históricamente, el recurso ha sido tratado como abundante y prácticamente inagotable, lo que ha derivado en políticas públicas insuficientes, tarifas que no reflejan su costo real y una débil cultura de uso eficiente.
Este fenómeno de infravaloración tiene múltiples expresiones. Por un lado, se refleja en la baja inversión en infraestructura hidráulica, lo que limita la capacidad de los países para captar, almacenar, distribuir y tratar el agua adecuadamente. Por otro, se traduce en una gestión fragmentada, donde diferentes sectores —agrícola, urbano e industrial— operan sin una visión integral del recurso.
La consecuencia es un círculo vicioso: el agua se desperdicia, se contamina y se vuelve cada vez más escasa en zonas críticas, lo que a su vez incrementa los costos económicos y sociales. Según datos de la CEPAL, menos del 50% de las aguas residuales en la región recibe un tratamiento adecuado, lo que agrava la degradación de ríos, lagos y acuíferos. Además, la desigualdad marca profundamente el acceso al agua. Mientras algunas ciudades cuentan con servicios relativamente eficientes, otras enfrentan interrupciones constantes, baja calidad del suministro o incluso ausencia total del servicio. Esta situación no solo afecta la salud pública, sino que también limita el desarrollo económico y profundiza las brechas sociales.
En este contexto, la CEPAL propone un cambio de enfoque: reconocer que el agua no es solo un recurso natural, sino un activo estratégico para el desarrollo sostenible. Valorar el agua implica considerar no solo su dimensión económica, sino también sus funciones sociales, ambientales y culturales. Lejos de promover su mercantilización, este enfoque busca integrar el agua en las decisiones clave de política pública, desde la planeación urbana hasta la política energética y agrícola. En otras palabras, se trata de colocar al agua en el centro del desarrollo.
La urgencia de este cambio es evidente. El impacto del cambio climático, con sequías más intensas y fenómenos extremos más frecuentes, está aumentando la presión sobre los sistemas hídricos de la región. A ello se suman el crecimiento poblacional, la urbanización acelerada y la expansión de actividades productivas que demandan grandes volúmenes de agua. Frente a este panorama, expertos coinciden en que no basta con construir más infraestructura. Es necesario fortalecer la gobernanza del agua, mejorar la eficiencia en su uso y fomentar una cultura que reconozca su verdadero valor.
La advertencia de la CEPAL es clara: si América Latina no corrige la forma en que gestiona y valora su riqueza hídrica, la aparente abundancia podría convertirse en una crisis estructural. En una región donde el agua sobra en términos naturales, pero falta en términos de gestión, el desafío no es encontrar más agua, sino aprender a cuidarla, distribuirla y aprovecharla de manera justa y sostenible.
PIENSA GLOBALMENTE, ACTÚA LOCALMENTE
Debemos reconocer que el agua no es un recurso infinito y adoptar un uso responsable en la vida diaria. Es fundamental evitar desperdicios, reparar fugas domésticas y reutilizar el agua cuando sea posible.
Asimismo, se requiere fortalecer la cultura de pago por el servicio, exigir a las autoridades una gestión transparente y participar en acciones comunitarias de cuidado del recurso. Solo con corresponsabilidad social se podrá garantizar el acceso equitativo y sostenible al agua para las generaciones presentes y futuras. Recuerden #SalvemosOjuelos.
Reciban un abrazo de su amigo, Luis Eduardo Mejía Pedrero. Comentarios al correo [email protected] Instagram @mejiapedrero Twitter @cuencalerma o por Facebook





