…y sí tendremos Mundial?

Por Julián Chávez Trueba

A mitad de la semana

Sé que me puedo adentrar en terrenos propios de mi amigo Pedro Fuentes, a quien envío un saludo afectuoso, pero en esta ocasión me limitaré a enunciar algunos de los problemas que deberá resolver la Presidenta y que amenazan el buen desarrollo del Mundial de Futbol FIFA 2026.

1. Transportistas. Este sector ya ha paralizado, en más de una ocasión, las principales carreteras del país, generando un caos, por decir lo menos, en la logística nacional. Son numerosos, organizados y, lo más relevante, ya han advertido que podrían cerrar nuevamente las vías durante el Mundial si no se les garantiza seguridad en su trabajo y se combate la extorsión (léase: la “mordida”).

2. Agricultores. Aunque menos articulados que los transportistas, no son menos disruptivos. Han amagado con frenar el flujo de productos agrícolas e incluso con tomar casetas en ciudades sede. Su exigencia es clara: que el gobierno compre sus productos a precios previamente pactados para garantizar la viabilidad de su actividad.

3. SNTE y CNTE. La Presidenta comprometió en múltiples ocasiones, la desaparición del USICAMM y la garantía de plazas para egresados. Promesa financieramente insostenible. Los liderazgos magisteriales ya han demostrado su capacidad de presión mediante bloqueos y no han dudado en advertir que podrían escalar sus acciones hasta el boicot del Mundial si no se cumplen dichas promesas.

4. Estudiantes. Grupos provenientes de instituciones como CCH, Tenería y otros espacios afines han recurrido a la toma de casetas y protestas públicas. Sus demandas, como la atención a casos de acoso, mejora de instalaciones y aplicación efectiva de protocolos contra la violencia escolar, son legítimas, pero su método de presión amenaza con trasladarse al contexto del Mundial.

5. Sindicato del Metro. Aquí el problema no admite matices: es responsabilidad directa del gobierno. Los trabajadores han denunciado la falta de insumos básicos, mantenimiento deficiente y condiciones operativas inciertas. El riesgo de un colapso o de un evento catastrófico no es retórico. Ante ello, han advertido que sus protestas podrían intensificarse justo en el periodo del evento internacional.

6. Médicos. En distintas instituciones, el personal de salud ha salido a las calles para exigir lo mínimo indispensable: insumos, condiciones dignas y funcionalidad básica de los centros hospitalarios. No se trata de demandas extraordinarias, sino de lo esencial. La omisión gubernamental en este rubro podría traducirse en movilizaciones en plena vitrina internacional.

7. “Franciscanos”. No en referencia a la orden religiosa, sino a colectivos animalistas que denuncian la gestión irregular del llamado Refugio Franciscano. Acusan negligencia, falta de protocolos y la muerte de numerosos animales bajo custodia estatal. Han advertido que escalarán sus protestas, incluso durante el Mundial, si no hay respuestas claras.

Como puede observarse, existe un auténtico rosario de conflictos que exigen coordinación institucional, capacidad de negociación y, sobre todo, voluntad política desde la Presidencia. A ello se suman problemas estructurales: inseguridad, extorsión, violencia, fraude en boletaje, deficiencias en la logística de acceso a estadios y la siempre latente intervención del crimen organizado, que difícilmente permanecerá al margen de los beneficios económicos del evento.

La pregunta no es menor: ¿estamos en condiciones reales de garantizar un Mundial a la altura de lo que el país promete al exterior?