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Por Rocío Hernández Rogel

La responsabilidad de crear contenido digital está en un hilo. Mientras existen creadores que comparten información valiosa, aprendizajes, estrategias, consejerías, acompañamientos, existen otros que están normalizando acoso, violencia, situaciones que ponen en riesgo la salud física, mental y emocional de las personas.

Recientemente en una presentación de mis alumos/as de la Licenciatura en Comunicación sobre un periódico físico que realizaron como producto final para su evaluación de la asignatura Géneros Periodísticos, el coordinador entró a escucharlos y les mencionaba que hoy en día tenemos un reto: “enfrentarnos a que cualquiera que tenga ciertos instrumentos para crear la noticia o algo de qué hablar ya se da a conocer, pero no se hace todo el ejercicio y no se aplica todo el conocimiento adecuado”; por eso el reto es enorme para quienes informamos, debemos seguir cuidando y defendiendo nuestro trabajo.

A todo ello, me lleva a cuestionar en dónde están nuevamente los límites y las leyes que puedan sancionar este tipo de cosas, porque hoy en día cualquier persona con un teléfono, un micrófono y su aro de luz, pude pararse y hablar de cosas que simplemente no abonan y solo normalizan comportamientos que ya nunca han estado en el “deber ser”.

Sabemos que tenemos libertad de expresión y que todos los días en el ejercicio periodístico se trabaja para que siga sucediendo, para que todas y todos como ciudadanas/os estemos en una constante participación con la finalidad de mejorar como sociedad y no para empeorarla.

Siempre me he cuestionado ¿qué más necesitamos vivir para que se ejecuten acciones que coadyuven al bienestar?. Recordarán el reciente caso de Osmer H. el adolescente de 15 años con un arma en mano, quien mató a dos profesoras, anticipando su crimen con el uso de sus redes sociales, colocando mensajes como: “hoy es el día” y subiendo fotografías donde aparecía con el arma de fuego.

Vuelve el asombro a mí y digo: “qué hace un adolescente con un arma, con redes sociales, con esa mente que va más allá de salir en su bicicleta, patear un balón o quizá sentarse con alguno de sus padres a ver el televisor”, pero quizá los padres prefirieron darle eso que ellos “nunca tuvieron en su infancia”, un celular, una tableta o una computadora y libre acceso a internet; y ahí el famoso “monstruo social” hace su aparición, todos aquellos “influencers” o personas que están detrás haciendo páginas, videos, perfiles falsos, comunidades que unen a los más vulnerables para poder hacer el mal.

También están de “moda” los “mini kids”, una “tendencia tik tokera”, donde las mujeres mayores de edad (entre 20 y 25) explican qué es este término, presumiendo que les atraen niños y/o adolescentes, utilizando expresiones como: “al gusto”, “hay para elegir”, “yo no me iría tan abajo”, “beneficios de andar con un mini kid: tú los traumas, ellos no te trauman a ti, tú los manipulas, ya probamos con los de 30 y ellos ya están maleados por eso están solteros a su edad, 12 añitos tiene la criatura, son solo para divertirte” y más mensajes así.

Qué decepción y nuevamente sorprendida de que son mujeres la que lo están diciendo, la mayoría creadoras de contenido (según ellas) y sí, sus videos tienen demasiados likes, comentarios en donde más mujeres también se burlan y comentan de manera vulgar y grotesca al igual que su imagen. Y me siento enojada porque estamos diciendo a gritos que CON LAS NIÑAS NO, LA NIÑAS NO SE TOCAN, pues les digo también a ustedes CON LOS NIÑOS NO, LOS NIÑOS NO SE TOCAN, aquí es parejo y un llamado urgente a la Legislatura para crear una ley que sancione este tipo de “creadores/as de contenido”.

No olvides formar tu frase.

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