Mundial 2026: ¿A qué costo?

En medio de un contexto de crisis mundial con países en guerra, sociedades llenas de incertidumbre, pero también de enojo resultado de malos gobiernos, es como se prevé que se llevará a cabo el Mundial 2026, evento que es considerado el más importante para el fútbol y que está a la vuelta de la esquina. En esta edición, se rompe récord al contar con la participación de 48 países, 104 partidos entre el 11 de junio y 19 de julio, y tres coanfitriones: Canadá, México y Estados Unidos.

Ahora bien ¿Es posible llegar a un nivel de indiferencia y deshumanización que haga que la gente olvide que mientras cómodamente ve los partidos del mundial, miles de personas siguen muriendo? La guerra de Rusia en contra de Ucrania (iniciada el 24 de febrero de 2022). El genocidio en Palestina por parte de Israel (iniciado el 7 de octubre de 2023). Y la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán (iniciada el 28 de febrero de 2026) ¿No les dice nada? Tampoco se puede pasar por alto la intensificación del bloqueo a Cuba donde pareciera que Estados Unidos quiere acabar con esta población; un genocidio, pero sin bombas, ya que existe una severa restricción para ingresar petróleo, alimentos y medicinas.

Que el mundo siga, que la pelota ruede y que el conteo de muertos no se detenga ¿Así es como se debe vivir el Mundial 2026? con una sociedad anestesiada ante el sufrimiento, tolerando lo intolerable como el bombardeo a una escuela en Irán que dejó 168 muertos, la mayoría niñas.

En este sentido, algunos gestos simbólicos desde el fútbol han intentado romper ese silencio, llamar la atención e intentar sensibilizar al mundo sobre lo que está pasando, de manera particular me refiero a lo acontecido en el partido del pasado 27 de marzo, donde la selección de Irán rindió un homenaje a las víctimas del ataque perpetrado por Estados Unidos, contra una escuela en Minab, provincia de Hormozgan (Irán), donde cada jugador sostuvo una pequeña mochila de color morado y rosa durante los himnos de cada país, previo al partido amistoso ante Nigeria. De igual manera, el martes 31 de marzo, en el partido amistoso de Irán contra Costa Rica, jugadores y directivos salieron a la cancha con fotos de niños muertos por los ataques aéreos de Estados Unidos e Israel llevados a cabo desde el 28 de febrero en contra de Irán.

Ante esto, el presidente de la FIFA, Giovanni Infantino, se limita a decir lo siguiente: “la FIFA no puede resolver los conflictos geopolíticos, pero estamos comprometidos a utilizar el poder del futbol y de la Copa Mundial para construir puentes y promover la paz, ya que nuestros pensamientos están con quienes sufren como consecuencia de las guerras en curso”. Que se puede esperar de un tipo que, en diciembre de 2025, inventó el “Premio de la Paz de la FIFA: El Fútbol Une al Mundo” para entregárselo a Donald Trump, el principal promotor de la guerra.

No hay más, cuando el dinero manda, las vidas humanas pasan a segundo término, ya que el mundial, además de ser un evento deportivo, es un negocio altamente lucrativo. De acuerdo con informes de la FIFA, se estima que los ingresos obtenidos superarán los 11 mil millones de dólares, impulsados por la venta de boletos, paquetes de lujo y derechos de transmisión.

Además, la selección que levante el trofeo obtendrá 50 millones de dólares, superando por tres millones lo que recibió Argentina tras coronarse en Qatar 2022. No obstante, el monto que puede cumular el campeón es todavía mayor al sumar los premios por cada fase, dando un aproximado de 195.5 millones de dólares (monto más alto en la historia de los mundiales). Asimismo, todas las selecciones recibirán un premio solo por participar. Cada federación tiene garantizados al menos 10.5 millones de dólares, aun sin avanzar de ronda (Telemundo Deportes, 2025).

A nivel global y nacional, las condiciones no están dadas para “celebrar” un Mundial. México duele, el mundo duele, y aun así se nos pide aplaudir y festejar un gol. Canadá, México y Estados Unidos no necesitan estadios llenos para aparentar normalidad. Lo que el mundo necesita es paz, y mientras eso no exista, cualquier intento de celebración es como poner un curita en un cuerpo que se está desangrando.

El silencio, la indiferencia y la resignación también son decisiones personales y políticas. Nada cambiará únicamente con insultos en redes sociales o con indignaciones momentáneas. El llamado es urgente: o nos organizamos y exigimos que esto se detenga, o aceptamos, de una vez por todas, que el espectáculo vale más que la vida. Y si eso ocurre, no nos engañemos: el costo del Mundial no lo pagará la FIFA, lo pagaremos nosotros.