Homilía

Sacerdote Daniel Valdez García

2 de abril de 2026, Jueves Santo

Misa vespertina de la Cena del Señor

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Hoy iniciamos el Sagrado Triduo Pascual, y es necesario decirlo con claridad: la sagrada liturgia tiene como centro a Dios, no al ser humano. En un mundo que intenta situar la persona en el centro de todo, la liturgia nos invita a mirar a Aquel que da sentido y rumbo a toda realidad. Así, este año celebramos la Cena de Pascua en diálogo con la tradición judía: la Pascua se celebra en luna llena y nosotros la vivimos en Jueves Santo. La primera lectura nos habla del paso de Dios para liberar a su pueblo de la esclavitud y del cruce del Mar Rojo hacia la tierra prometida; escucharemos esa misma lectura en la Vigilia Pascual para recordarnos que cada vida es un viaje de liberación hacia la libertad que Dios ofrece.

Jueves Santo es día para celebrar, agradecer y adorar al Amor de los amores. Hoy nos sentimos más hermanos, más cercanos, más unidos. Una imagen basta para decirlo: Jesús arrodillado ante cada apóstol, lavando sus pies. Con ese gesto descubrimos que su vida fue un servicio sin límites y que amar al prójimo es la señal indeleble del discípulo. Que nos amemos, eso es lo que se nos pide. Nada más y nada menos. Y que quede claro: la liturgia no es un espectáculo para el mundo ni la ocasión para convertir la fe en un “evento” humano. Cada gesto, cada palabra, nos llama a fijar la mirada en Dios y a responder a Él, no a nuestra propia satisfacción.

Hoy todos estamos invitados a cenar. Es una cena de despedida en la que conviven la esperanza y la nostalgia, la confidencia y la emoción. Cada templo es hoy un cenáculo; alrededor de cada altar, en familia, nos reunimos en este día solemne. Aquí convergen la Eucaristía, el amor fraterno y el sacerdocio: tres hilos de un mismo tejido. La Eucaristía, confiada a la Iglesia mediante el Orden Sacerdotal, es memorial de la entrega de Cristo. Por medio de ella somos enviados a convertirnos en pan para el mundo: un pan partido y compartido.

Esta Semana Santa la vivimos en medio de un mundo convulso por guerras, ideas que se enfrentan, rencores y polarizaciones en la Iglesia y en la sociedad. Que Dios tenga piedad de nosotros.

Acerca de las lecturas:

Con el pasaje del libro Éxodo 12, 1-8.11-14: escuchamos instrucciones para la Pascua: escoger un cordero sin defecto, aplicar la sangre en los postes y el dintel, comer aprisa y estar preparados para salir. Esa noche, Dios pasará por Egipto y librará a su pueblo; por eso debe solemnizarse como una fiesta perpetua. En esta lectura se revela que la liturgia es una acción de Dios, no un capricho humano.

En el pasaje de la 1ª Carta de San Pablo a los Corintios 11, 23-26: San Pablo nos dice que lo recibido del Señor: el pan, que es su Cuerpo entregado, y la copa de la Nueva Alianza con su Sangre. Hagan esto en memoria de mí. Cada vez que comen este pan y beben esta copa, proclaman la muerte del Señor hasta que Él vuelva. Aquí la liturgia no es una novedad social, sino la proclamación de la obra salvadora de Dios.

Y la centralidad del pasaje del Evangelio según San Juan 13, 1-15: nos refiere que en la víspera de la Pascua, sabiendo Jesús que llegaba su hora, amó a sus discípulos hasta el fin. Durante la cena, se levantó, se despojó de su manto, tomó una toalla y lavó los pies de los discípulos. Pedro protesta; Jesús le enseña que si no se lava, no tendrá parte con Él. Luego les invita: laven los pies unos a otros. Este gesto revela el corazón de Dios: un Dios que no domina sino que sirve.

Por lo tanto, el lavatorio de los pies no era una simple etiqueta: era la tarea de un siervo. En esa época, el polvo de los caminos dejaba los pies sucios al llegar a casa, y el que lavaba los pies era el siervo más humilde. En el contexto romano, era también una señal de humillación social. Jesús lo hace para revelarnos que el liderazgo verdadero es servicio. Este gesto anticipa su entrega en la Cruz: un Dios que se dona, no manda; un Dios que se abaja para levantar al ser humano. Y nos invita a vivir con esa actitud: servir cuando no es cómodo, amar sin reconocimiento, humillarse frente al orgullo.

Qué nos dice este gesto de Jesús hoy:- Servicio y Humildad: Jesús, Maestro, se hace siervo; el servicio es la norma del Evangelio y la tarea del cristiano.- Amor hasta el extremo: un amor que no exige condiciones, incluso hacia Judas, que lo traicionaría.- Purificación espiritual: la limpieza necesaria para vivir de parte de Cristo.- Mandato de amor fraterno: lavar los pies unos a otros significa cuidar y acompañar a los hermanos con el corazón puesto en el suelo por ellos.- Anticipo de la Cruz: la entrega total de Jesús en la Cruz.

En suma, este día es un llamado a seguir su ejemplo: renunciar al orgullo y al egoísmo para vivir en una comunidad de servicio mutuo y amor humilde. El cristianismo no es meramente humanismo ni búsqueda de poder; es entrega al ejemplo de Jesús, para que cada liturgia sea un encuentro real con Dios y no un mero evento humano.Amén, Señor Jesús.