EL VALLE DEPORTIVO

Pedro Eric Fuentes López

Lo importante no es ser mejor que otros. Sino ser mejor que ayer. Jigoro Kano

Difícilmente alguien va a entender la manera en la que se nos educaba en el pasado, donde en cientos de ocasiones bastaba una mirada para “decirnos” las cosas, para advertirnos o bien para ser castigados. Sobraban las palabras y a los ojos saltones de los padres, los acompañaban con sutiles volados de derecha e izquierda que se impactaban en las mejillas, acomodando las ideas y, en todo caso, moviéndolas de tal forma que se asentarán como debería ser. También era peculiar la manera de mandarte a la entonces peluquería, porque previo a un divino tesoro de letanía, llegaba la depilada anticipada de patilla y desde luego el mechón que por arte de magia aparecía en las manos de la progenitora. No hay que olvidar los 10 centímetros de ancho -sino es que más- de aquellos accesorios de piel o cuero, con hebilla, que recalaban en santa salva sea la parte del cuerpo y que dejaba clarísimo que NO se tenía que hacer; igualmente el artefacto de madera que servía para mezclar la masa para postres, ¡exacto! la dichosa pala que también tenía un preciado y privilegiado lugar en el trasero y todo por no acatar ni seguir la normas u órdenes. Qué decir de la escoba, ese dichoso bastón de madera acompañado con el bloque de plástico rígido que une las cerdas, ulala, objeto que era sinónimo de que aunque corrieras, por su longitud, de cualquier manera y desde cualquier punto del planeta rebotaba en nuestra humanidad. Aaaah, no olvidar las granadas convertidas en chanclas! esas pantuflas y/o sandalias, vaya esas babuchas que funcionaban mucho mejor que un misil, porque nunca fallaban en dar en su destino, me cae que la mira en el objetivo era tan certero que caías casi noqueado y entonces los movimientos como de gusano y al ritmo de las gloriosas églogas expresadas por la jefa, eran el indicativo de que la falta cometida tenía tal reprimenda que era mejor haber aprendido la lección.

Las “nuevas reglas” implementadas por la “máxima autoridad” en casa no sólo ha encendido el debate entre familias y sociedad, sino también en gran medida en el deporte y sus aficionados, en donde las diferentes generaciones que siguen alguna disciplina se han dividido a favor y en contra del espectáculo que está ofreciendo actualmente y es ahí el punto de inflexión. El gran tema del que se habla es sin duda, si un evento deportivo en las gradas y/o fuera del escenario -sea cual sea- permite a alguien hacer algo que en casa normalmente no harían, y que después como todo caso, trae y arroja consecuencias.

Lo visto gracias a través de imágenes que inundaron internet, donde se aprecia a un adulto arremeter a un menor, en las gradas del estadio de Monterrey, se tergiversaron como polilla, hasta que el propio -por cierto, padre de familia- hombre mayor, aclaró la situación. Ya saben que en nuestro país somos muy dados a aplicar lo del dicho: “…primero matas, luego averiguas…” sin embargo, esto ha derivado a que en la práctica todo se convierta en confusión y alimento para los cibernautas. El caso es que un padre reprendiendo a su hijo por haber lanzado cerveza a aficionados, le dio la vuelta al mundo, señalando y cuestionando sí estuvo bien la reacción de la reprimenda. Lo anterior, sobre todo a los aficionados de las generaciones baby boomers, X y hasta millennials los ha sacudido fuertemente, el saber que haya límites, castigos, aprendizajes y enseñanza. Sin embargo, a la generación Z y buena parte de los millennials parece no importarle ninguna regulación y mucho menos esto.

Nunca se justificará bajo ninguna circunstancia por mínimo que sea un acto de violencia a cualquier nivel, porque eso genera más y más. Acá hay que dare la importancia de que el padre, incluso, evitó algo mayúsculo y que trascendiera, lo demás como esas “caricias” a su hijo y a saber que tanto le dijo, es cuestión de cada quien o como se dice: la ropa sucia se lava en casa.

Las expresiones en redes sociales al comparar los correctivos de los años 70, 80, 90, así como de las dos décadas del siglo XXI con el presente, llevan consigo aquello de que “todo tiempo pasado fue mejor” -yo sí lo creo- hasta el “dejen de llorar y disfruten lo de hoy” pero descalificándose ambas posturas mutuamente. El choque generacional es evidente entre la que quiere saber que todo lo que pasa entre cajas es real, o aquella que sólo quiere entretenerse con lo que recibe en pantalla o, como en el caso en comento, busca recibir como una buena experiencia cuando acude a un evento. Situación que me queda claro en el ejemplo hoy tomado, abre un panorama para el análisis, estudio, pero sobre todo para la concientización socio-deportivo.

Pásenla bien!!!