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Por Rocío Hernández Rogel
Semanas pasadas, estuve viendo en redes -en la gran mayoría espacios noticiosos- sobre denuncias de “peleas” en las vialidades, sobre todo entre automovilistas y motociclistas. Me llamó la atención que siempre es una de las partes la que está más alterada que la otra, pero después la otra parte ha de pensar ¿por qué me voy a dejar? y bueno pues de ahí se desencadena todo lo que ya sabemos.
Y precisamente, el fin de semana pasado iba saliendo de la casa de mis papás y dando la vuelta un motociclista se estacionó (donde no debe) y por poco le pego. Yo toqué el claxón y le hice la seña de que se fijara, se puso “bravo”, comenzó a decir de cosas que ni se le entendían porque traía su casco puesto, pero movía las manos, mentó la madre y mi papá hizo la misma seña. Nos fuimos.
No sé si fue mi intuición femenina, pero yo seguí volteando por el retrovisor constantemente, porque de verdad vi al tipo muy alterado y en mi mente pensé “¿y si nos sigue?, pero no veía nada, avanzamos metros más adelante y escuchamos un claxón, pero ni mi papá ni yo vimos nada y seguimos adelante. Pues efectivamente avanzamos y de pronto mis ojos estaban puestos nuevamente en el retrovisor y ahí venía el señor motociclista, pisando su acelerador, ya saben, creyéndose los dueños de las calles y nos emparejó.
Comenzó a decirle a mi papá que se bajara, que ahora sí, “no que muy chingón” y bueno toda la sarta de peladeces que le afloraron a este masculino enojado con la vida. En su universo paralelo cómo les vas a decir que sean prudentes, si tú, automóvil debes de ser el que se tiene que acomodar y entender que ellos pueden hacer lo que quieran.
Mi papá es un hombre muy tranquilo, nunca nos ha dado el ejemplo de la violencia; sin embargo, claro que cuando ha tenido que mostrar carácter lo ha hecho. Así que decidimos ignorarlo, cerrar bien las ventanillas y las puertas. Le dije que marcáramos a una patrulla, mientras que, en mi mente, yo iba planeando mi ruta, porque por supuesto que no me iba a ir hacia mi casa, sino hacer que llegara la patrulla hasta donde estuviéramos transitando. Antes de poderle “llamar” en la pantalla del celular, apareció una patrulla y me acerqué lo más que pude, le dije que por favor nos ayudará porque el sujeto de la moto nos venía siguiendo y amenazando.
Regresé mi mirada al mismo lugar donde la traje casi todo el trayecto: al retrovisor. El tipo al ver la patrulla, enseguida, se regresó por donde vino. Desconocemos si lo pararon o no, pero la menos ya no nos siguió.
Y después de esta crónica de los hechos, quiero llegar al punto medular: la violencia.
Yo le decía a mi papá, cuánto enojo ha de traer en su ser, o cuánto lo han de ignorar en su círculo de personas o cuán pequeñito e inferior se ha de sentir, que quitó parte de su valioso tiempo para seguirnos y hacer todo el espectáculo.
Por qué hemos normalizado eso, por qué estamos en una sociedad tan violenta, por qué seguimos eligiendo que sea responder a la violencia con más violencia.
Por qué una pelea en un canal de YouTube tuvo más de 4.5 millones de vistas, peleas que reunieron a “famosos” que tienen conflictos para confrontarlos en un ring.
¡Vaya impulso a la cultura de paz!
No sé si esa fue pregunta o fue mi respuesta.
Por cierto, hoy es el cumpleaños de mi papá, un hombre que admiro, amo y respeto profundamente. Gracias por enseñarme y mostrarme que sí existen hombres que fueron educados y criados por una gran mujer y en su vocabulario no existe la palabra violencia.
¡Feliz cumpleaños papá! ¡Te amo siempre!.
No olvides formar tu frase.
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