Inconvenientes de la democracia

Julián Chávez Trueba

A mitad de la semana

Ahora que se pretende modificar la forma en que hacemos democracia por parte de la Presidenta de la República, es pertinente reflexionar, aunque sea brevemente, sobre el concepto mismo de democracia; ir un poco más allá del simple “gobierno del pueblo”, pero sin extendernos demasiado para que quepa en esta columna. Ahí va.

En su diálogo La República, Sócrates criticaba esta forma de gobierno desarrollada en la antigua Grecia —impulsada por figuras como Solón y Clístenes— por considerarla problemática, principalmente por dos razones:

1. La democracia, según él, no busca necesariamente el mejor gobierno, sino que se basa en la popularidad. Así, cada candidato está incentivado a mentir, falsear información, criticar a sus adversarios y ofrecer soluciones fáciles a problemas complejos, sin importar la verdad. Se privilegia la simpatía sobre la capacidad de gobernar. Sócrates ejemplificaba que, ante una enfermedad, nadie vota por su cirujano: se elige al médico más capacitado para garantizar el mejor resultado.

2. Al privilegiar la popularidad por encima de la vocación y el conocimiento, se termina eligiendo al más carismático y no al más preparado en administración, economía o derecho. Como consecuencia, en cada elección se deterioran las finanzas públicas y se postergan los grandes problemas sociales. Eventualmente, surge un personaje que promete imponer orden y resolver todo con mano dura; ese personaje deviene en autoritario y termina por colapsar aún más a la sociedad. Es un ciclo que parece no tener fin.

Esto lo planteaba Sócrates en el siglo V a. C., pues afirmaba observar este patrón repetirse en Atenas y en otras polis griegas. Hoy, la situación no parece tan distinta. El diálogo del filósofo resulta sorprendentemente vigente, y su crítica encaja con inquietante precisión en nuestra realidad. Sin embargo, no todo está perdido, a lo largo del tiempo se han propuesto algunas “correcciones” para contrarrestar los incentivos adversos de la democracia:

a) Que exista una transparencia total sobre el currículum de los candidatos: antecedentes, cargos, logros, errores, vínculos y formación académica, con el fin de informar plenamente a la ciudadanía y fomentar un voto más consciente, basado en el mérito y el perfil.

b) Que los candidatos provengan de un servicio profesional de carrera, en el que, para aspirar a una gubernatura, sea requisito haber desempeñado previamente cargos como secretario, director general, entre otros; algo similar a lo que ocurría en el Poder Judicial o en plazas administrativas del Poder Ejecutivo.

c) Que las sanciones por delitos cometidos por candidatos impliquen su inmediata expulsión de la contienda, incluso después de la elección, obligando a los partidos a postular perfiles sólidos. Hoy, en cambio, los errores suelen traducirse únicamente en sanciones económicas.

¿Qué candidato propone algo semejante? ¿Qué partido estaría dispuesto a imponerse tales reglas? Es evidente que esto puede parecer mera teorización, sin embargo, también constituye un ideal, y contar con un rumbo claro, aunque lejano, permite comenzar a trazar el camino hacia él ¿no?.