Entre flores y fe, floricultores de Tenancingo llegan a la Basílica con vehículos adornados

Fotos: Diócesis de Toluca

Toluca, Méx.- Entre aromas, colores y muestras de profunda devoción, floricultores del municipio de Tenancingo realizaron su tradicional peregrinación a la Basílica de Guadalupe, donde más de cien vehículos fueron adornados con espectaculares arreglos florales elaborados por las propias manos de quienes trabajan la tierra y cultivan flores durante todo el año.

Desde las primeras horas del martes, un centenar de las camionetas partieron cargadas de rosas, crisantemos, gladiolas, nube y follaje, transformados en grandes obras de arte que recorrieron el camino hasta el santuario mariano situado en la Ciudad de México.

Los arreglos, que cubrían carrocerías completas y formaban arcos, figuras y mosaicos florales, reflejaron el talento de los productores mexiquenses y la gratitud que sienten por las bendiciones recibidas.
Para los floricultores de Tenancingo, esta peregrinación no solo es una tradición, sino un acto de fe y agradecimiento ya que muchos de ellos acuden año con año para dar gracias por las cosechas, el trabajo y la salud de sus familias, por lo que llevan como ofrenda aquello que mejor saben producir y esas son las flores.

Durante el recorrido, las caravanas despertaron la admiración de quienes se encontraban a su paso. Los colores intensos de los arreglos y el perfume natural de las flores acompañaron los cantos, rezos y muestras de devoción de los peregrinos.

Al llegar a la Basílica, los participantes coincidieron en que cada arreglo floral representa un mensaje de esperanza y gratitud, pues detrás de cada flor hay horas de trabajo en los invernaderos y campos del sur del Estado de México.

“Venimos a dar gracias por lo recibido, por el trabajo y por nuestras familias. Las flores son nuestra forma de agradecer”, compartieron algunos de los peregrinos.
La tradición de adornar vehículos con flores se ha convertido en uno de los rasgos más representativos de esta peregrinación, donde la creatividad de los floricultores convierte las unidades en verdaderos jardines sobre ruedas.

Con fe renovada y el compromiso de mantener viva esta tradición, los productores regresaron a sus comunidades con la satisfacción de haber cumplido una promesa más, llevando hasta el altar guadalupano el fruto de su trabajo y su devoción.