Más allá del 8M

El feminismo es una de las palabras y de los temas más escuchados y debatidos en la actualidad. Para algunas personas, representa una lucha histórica por la igualdad, para otras, un concepto cuestionable y poco entendido. La realidad es que el feminismo no tiene un reglamento o manual oficial, es un movimiento que adopta diferentes formas en el camino hacia la igualdad de género.

El feminismo surge como respuesta a las desigualdades históricas que limitaron el acceso de las mujeres a derechos básicos como la educación, la autonomía reproductiva, la maternidad voluntaria, la libre elección sexual y el derecho a participar en la vida pública. Por tanto, conocer su origen permite comprender que se trata de un movimiento que busca transformar las condiciones de desigualdad que afectan a las mujeres, pero también a los hombres.

En este contexto, el 8 de marzo (8M), o Día Internacional de la Mujer, es una fecha fundamental para la reflexión en torno a la lucha feminista. Más allá de una celebración, es un día para visibilizar las diferencias y desequilibrios de género que persisten, y asimismo, exigir igualdad de derechos y oportunidades para las mujeres en todo el mundo.

No existe una sola definición de feminismo, sin embargo, puede entenderse como un movimiento filosófico, político, social y cultural que busca la igualdad entre hombres y mujeres. Es un movimiento revolucionario, un movimiento de masas con diferentes expresiones que ha venido a modificar las estructuras sociales al cuestionar el orden socialmente establecido donde las mujeres se dedican a las tareas de cuidado, y los hombres salen a trabajar. Solo por mencionar un ejemplo.

En este tenor, lo más adecuado es hablar de feminismos “en plural”, esto, para reconocer la multiplicidad de vivencias, historias y necesidades de las mujeres, evitando la invisibilización que causaría un enfoque único. Los feminismos reconocen que no es lo mismo la experiencia de una mujer en contextos occidentales que en América Latina, el mundo árabe o comunidades indígenas.

Bajo este esquema, el feminismo se ha relacionado con otros temas fundamentales como las nuevas masculinidades y el papel de los hombres en la construcción de una sociedad más

justa e inclusiva, ya que pretende cambiar la manera en que nos relacionamos mujeres y hombres en todos los espacios en los que interactuamos.

Es preciso subrayar que, el movimiento feminista se distingue por diferentes etapas: Primera Ola (siglo XIX – principios del XX): Centrada en el sufragismo (derecho al voto), educación, propiedad y derechos civiles básicos. Segunda Ola (años 60 – 80): Reivindicó la liberación sexual, derechos reproductivos, igualdad salarial y el fin del patriarcado doméstico. De esta segunda ola se desprende la frase icónica: “lo personal es político”.

“Lo personal es político” señala que las experiencias privadas y los problemas individuales de las mujeres (violencia, desigualdad doméstica, limitaciones laborales) no son fracasos personales, sino consecuencias de un sistema patriarcal, es decir, de una estructura social, política y económica basada en la dominación masculina donde el hombre controla la propiedad y ocupan espacios de liderazgo. El sistema patriarcal se caracteriza por la subordinación de las mujeres, estereotipos de género y la división sexual del trabajo. “Lo personal es político” argumenta que los problemas personales de las mujeres son asuntos que requieren intervención política para generar un cambio.

Tercera Ola (años 90 – 2010): Abordó la diversidad, el interseccionalismo (raza, clase, género), teoría queer y derecho a la diferencia. Se enfoca en múltiples identidades. Cuarta Ola (actualidad – inicio s. XXI): Se caracteriza por el activismo digital (#MeToo, campaña global iniciada en 2006 por Tarana Burke y popularizada en 2017, que denunció el abuso, acoso y violencia sexual. Fomentó que las sobrevivientes compartieran sus experiencias para visibilizar la magnitud del problema y exigir responsabilidad a los agresores), la lucha masiva contra el feminicidio, el acoso y el derecho sobre el propio cuerpo, buscando la igualdad sustantiva, es decir, que aquello que señala la ley, sea efectivo en la realidad.

El feminismo no es una moda ni un eslogan: es una respuesta histórica a desigualdades que durante siglos negaron a las mujeres educación, derechos civiles y participación pública. Gracias al feminismo hoy votamos, estudiamos y trabajamos, pero aún enfrentamos violencias, brechas salariales y estereotipos que limitan libertades.

Quienes desestiman esta lucha olvidan que cada derecho conquistado costó décadas de resistencia y que la igualdad aún no es una realidad. El feminismo no busca privilegios, sino

dignidad. Entenderlo es reconocer que una sociedad justa no puede construirse mientras la mitad de ella siga enfrentando obstáculos que nunca debieron existir. Por ello, el feminismo debe vivirse todos los días: no como consigna, sino como parte de la conciencia colectiva, pues no se trata de un tema de mujeres; se trata de construir una sociedad donde todas, todos y todes, tengan las mismas oportunidades.