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Por: Rocío Hernández Rogel
El miedo se respira, se siente, como si susurrara en la nuca o al lado del oído. El olor a incertidumbre, a duda, a peligro está latente. ¿Lo respiran?, ¿lo huelen? y ¿lo sienten? o solo será algo que me esté pasando a mí.
Vivimos en un mundo en el que la mitad de lo que se dice no debería ser dicho y la mitad de lo que se calla debería hablarse claro, entonces, para qué tanto rodeo y confusión.
He tenido claro que el miedo solo nos paraliza, que también es normal tenerlo, pero cuál es la necesidad de que la gran mayoría de lo que comuniquemos tenga que ver con infundir miedo o irnos al extremo de no tenerlo y no pensar en las consecuencias.
Lo que estamos viviendo hoy como colectivo nos debe invitar a hacer un acto de mucha conciencia, la violencia ha escalado, la deshumanización se encuentra en el primer peldaño de los valores en donde se utiliza la máscara de la empatía, en donde te dicen que todos y todas te entienden, pero la realidad es que no, la realidad es que solo ven por sus propios intereses, el egoísmo nos divide y nos deja más lejos el uno del otro.
Lo que ha sacudido a nuestro país me hace ver que toda la sociedad o los ciudadanos/as estamos en medio de todo esto. Los mensajes que emiten los políticos y funcionarios, dejan mucho que desear, siempre diciéndose de palabras, resaltando los juicios de valor unos con otros, tratando de ensuciarse la imagen entre ellos, como si uno no supiera de que pie cojean todos, o como si lo que se dijeran fuera a cambiar algo; al contrario, solo dejan ver lo vacíos que están, la falta de valores que tienen y la inmensa desesperación -al menos en lo personal- de encontrar el verdadero significado de la palabra democracia que aprendí en la primaria.
Por eso sigo creyendo firmemente que la luz está en que, como ciudadanos debemos ocuparnos desde nuestra trinchera, que lo que no me gusta, tratar de inculcarlo de diferente manera, de empezar a ser el ejemplo desde casa con los más chicos y chicas de la familia, que en los entornos de trabajo seamos más solidarios, que entre amigos seamos más leales, que como seres humanos, seamos eso, más humanos.
Hoy no podemos seguir aplaudiendo que los niños y las niñas normalicen las canciones sexuales y violentas, que aspiren a cargar una pistola y un fajo de billetes en vez de un libro y un puñado de imaginación en las manos, que su gestión emocional sea esconderse detrás de una máscara o peor aún, terminar con sus vidas, que nuestras niñas aspiren a tener a un sicario como pareja para que le compre todo lo que quiere o convertirse en la próxima “Rosario Tijeras”.
Entonces ¿no hay nada de qué hacer?, para mi, más allá de cuál color partidista es responsable, es exigirles como mexicanas y mexicanos que se pongan a la altura del cargo que representan, que dejen de darle oportunidad a payasos -saludos Sergio Mayer- porque entonces ¿acaso eso ya es un circo? o ¿siempre lo ha sido y no lo habíamos nombrado?.
Que los medios de comunicación dejen de venderse al mejor postor y comuniquen conforme a la ética que como periodistas y comunicadores tenemos. Que la educación en México garantice la calidad que merecemos, la que está adaptada a nuestro contexto, siendo realistas y no copiando modelos educativos que no cubren las necesidades propias.
Y por último, que como sociedad aprendamos que nosotros somos los que les damos el poder al seguir mordiendo los anzuelos y dejando abierto el telón de tanto “teatro” para que la obra continue, pero desafortunadamente es una obra en la que está corriendo mucha sangre.
No olvides formar tu frase.
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