Esto es hacer patria 

Por Julián Chávez Trueba

 A mitad de la semana

Aplicar la ley contra un delincuente es hacer patria, porque se elimina al elemento que limita nuestros derechos, que nos arrebata garantías y que lastima a la nación.

Los narcotraficantes que se convierten en figuras públicas vuelven igual de prominentes sus delitos y atrocidades; se exponen a ser objeto de corridos al mismo tiempo que son juzgados por el escrutinio público. Su captura o abatimiento representa el inicio de una esperanza para quienes aún deseamos vivir con libertades garantizadas.

¿Podemos decir que ya se acabaron los abrazos y no balazos? ¿Podemos afirmar que la estrategia de no confrontación resultó un fiasco? ¿Podemos aceptar que el combate al crimen organizado no puede hacerse únicamente con discursos sino con inteligencia y fuerza legítima del Estado? ¿Podemos decir que el actual régimen corrigió el rumbo respecto a su rechazo inicial a la militarización? ¿Podemos agradecer a la presión de Donald Trump el combate al crimen o se trata simplemente de una obligación que la autoridad mexicana había postergado?

Hoy podemos decir con sinceridad que, al menos en materia de seguridad, la autoridad parece haber tomado decisiones correctas. Por lo menos hoy no volteemos a ver salud, educación, infraestructura, empleo, economía o relaciones internacionales; hoy hay que reconocer la labor de las fuerzas armadas que, como diría López-Gatell, “sirven para lo que sirven y no sirven para lo que no sirven”.

Los militares sirven para defender a la patria y a sus ciudadanos, incluso para dar la vida por ellos. En cambio, no han funcionado para dirigir proyectos de infraestructura ni empresas como Mexicana de Aviación, porque su formación responde a la disciplina y la obediencia, no al análisis de beneficios sociales o económicos.

Falta mucho por hacer. Falta que se detenga a las cabezas que aún sostienen a las organizaciones criminales; falta que se terminen las extorsiones, los cobros de piso, los robos y los asesinatos. Falta que ser delincuente deje de ser un modo de vida viable y que el crimen deje de tener influencia en el gobierno.

Cada gobierno parece elegir a un grupo criminal como blanco principal, como si existiera un equilibrio perverso entre organizaciones. Ojalá no se repita la historia y no se beneficien otros grupos criminales con estas acciones. Ojalá no cambie simplemente de manos la titularidad de los delitos.

Ojalá pronto se desarticulen también las organizaciones criminales que aún mantienen hegemonía en México, como en Sinaloa o Tamaulipas.

Soñar no cuesta nada.