En defensa del hueso
- Elva María Maya Marquez
- 24 febrero, 2026
- Columnas
- 0 Comments
El conflicto que presenciamos durante los últimos días entre Marx Arriaga —exdirector de materiales educativos de la SEP— y Mario Delgado — secretario de Educación Pública—, es fruto de las contradicciones de la forma de gobernar de la 4T. La salida escandalosa de Marx Arriaga ha sido tomada como una controversia que dividió a los integrantes de la cuarta transformación, ya sea en apoyo hacia lo que fue considerado como un trato hostil y denigrante de “desalojo” hacia el exdirector de materiales educativos, o bien, en su contra, al considerarlo arrogante, incongruente, con una actitud protagonista y poco ética ante su comportamiento.
Este conflicto que duró varios días fue digno de “reality show”, pero también signo de la descomposición del debate político disfrazado de una preocupación por un proyecto educativo. Lo que devela dicha confrontación, es la actuación inaceptable de todas las partes.
Desde la designación de Mario Delgado como titular de la SEP, la cuarta transformación ha demostrado que mantuvo una política de entregar la institución como prebenda de cargos, ya que la intención de este personaje, era ser secretario de Gobernación después de haber asegurado diferentes triunfos de Morena bajo su dirigencia de noviembre 2020 a septiembre de 2024.
Dicho nombramiento, ha consolidado una política errática de los gobiernos de Morena en la Secretaría de Educación, (lo que no quiere decir que con gobiernos anteriores estábamos mejor), que van desde Esteban Moctezuma (íntimo amigo de Salinas Pliego), pasando por designaciones de lealtad personalista sin experiencia ni capacidades como la de Leticia Ramírez, hasta el efímero e intrascendente paso de Delfina Gómez, hasta llegar a Mario Delgado. Todos con perfiles equívocos para la consolidación de una política educativa.
Cuatro secretarios en 7 años, todos distintos entre sí, pero con un común denominador, una falta de compromiso y vocación para trabajar en una de las esferas más importantes de la sociedad; la educación. Hay muchos temas que atraviesan el tema educativo y pensar qué la solución son los libros de texto, Marx Arriaga o Mario Delgado, es una simpleza y habla del profundo desconocimiento del tema.
La pregunta que se debe plantear es ¿Qué está haciendo la 4T en la dimensión educativa? A caso se está dando un paso progresista adelante y dos hacia atrás. El debate no debe de ser Arriaga contra Delgado, sino cuál es la política educativa de la 4T, pues a juzgar por los hechos, ninguna de las dos partes involucradas estaba defendiendo una pedagogía crítica, sino que decidieron usar “la Nueva Escuela Mexicana”, en defensa de un hueso político.
Nuestro sistema educativo es uno de los más complejos donde se desarrolla la educación, ya que existen innumerables factores asociados a que las y los niños aprendan o no en las escuelas, por ejemplo, suponiendo que se tienen muy buenos libros de texto, muy buenos profesores y una infraestructura adecuada, se sigue contando con infancias que llegan a la escuela sin comer, o bien, que provienen de contextos familiares fracturados, con problemas económicos y violencias. Así no se puede aprender en la escuela.
En este “debate” que se ha hecho sobre los libros de texto, se le ha dado mucha centralidad a estos materiales, como si fueran el único medio para tener mayores aprendizajes. Un libro de texto es solo una de las muchas herramientas que utiliza la didáctica y la pedagogía en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Ni una política educativa o una persona, es lo que determina el éxito en el sistema educativo, sino que tiene que ver con la convergencia de distintos elementos, entre ellos; la formación y capacitación docente, y en este aspecto ¿Cómo vamos?
En este escenario, cómo hacemos para actualizar a los docentes que llevan muchos años en el aula y no están logrando avanzar a medida que avanza la tecnología. Qué hay de las condiciones laborales en casos como los docentes de CONAFE quienes obtienen un ingreso de menos de 5 mil pesos al mes, que en realidad no se les reconoce con un salario, se le denomina “apoyo económico”, sin valorar el gran trabajo que realizan al llevar la educación a zonas que, de no ser por ellos, no contarían con un maestro.
Por lo anterior, es ineludible contar con un sistema de evaluación robusto y transparente, pues vamos a ciegas, particularmente después de la pandemia, desde primaria hasta universidad. Resolver el problema de la educación en México no es sencillo, pero comenzar por la búsqueda y designación de mejores perfiles (académico-administrativos), es un gran paso, lo cual implica dejar de pagar favores políticos con cargos en áreas educativas, porque el problema que hoy tenemos carga la marca en la titularidad de gente que no sabe de educación, no entiende la función social de la misma, pero había que darle hueso.





