¿Qué es la economía circular?

Cientos de personas recicladoras de base acuden cada mañana a esperar que los camiones recolectores de basura descarguen los residuos en los rellenos sanitarios y vertederos del país. Hombres y mujeres rodean el vehículo para atrapar la mayor cantidad de residuos valorizables que encuentran en la basura para venderlos y obtener un ingreso al día. En México a las personas recicladoras de base se les conoce también como “pepenadoras”, término que no les gusta porque denota un significado negativo y discriminatorio a su trabajo (Frente Autentico del Trabajo, 2024).

En octubre de 2024, por primera vez, personas recicladoras de base de Guanajuato, Oaxaca, Puebla, Durango, Chihuahua, Querétaro y Veracruz, se reunieron para formar una red nacional que defienda sus derechos como trabajadores —Movimiento Nacional de Recicladores y Recicladoras de base—. La idea fue organizarse para dignificar el trabajo de los recicladores en todo México.

Cabe señalar que la primera red internacional de recicladores nació en 2005, con la Red Latinoamericana de Recicladores (Red Lacre), la cual es una organización integradora de los movimientos nacionales de recicladores de base del continente, compuesta por alrededor de 17 países.

A pesar de cumplir con un papel fundamental, los recicladores viven una situación de invisibilización y de explotación por la ausencia de reconocimiento de sus derechos laborales por parte del Estado. Al no reconocerles, las industrias u otros compradores del sistema productivo castigan a las personas recicladoras con bajos precios. No existe un pago justo de lo que vale su esfuerzo. Aunado a lo anterior, sufren de discriminación y estigmatización social que perjudican su acceso a todos los demás derechos humanos.

Tampoco cuentan con seguro médico pese a las condiciones insalubres en las que trabajan. En síntesis, no tienen derechos laborales y su ingreso depende de los precios que dictan las plantas recicladoras en cada municipio o entidad.

Trabajar en basureros o rellenos sanitarios no es sencillo. Entre montañas de basura, los recicladores buscan materiales que puedan tener una segunda vida: plástico PET, aluminio, cartón, fierros y muebles. De acuerdo con testimonios, en una jornada habitual logran

obtener entre 100 y 300 pesos, exponiéndose a sufrir accidentes, lesiones o infecciones por la diversidad de residuos que llegan al sitio.

La organización “Práctica: Laboratorio para la Democracia”, señala que las personas que se dedican al reciclaje deberían equiparse con uniforme, botas, guantes y cubrebocas, pero, la mayoría de ellos no cuenta con ningún tipo de protección.

En este contexto, el pasado 20 de enero entró en vigor la Ley General de Economía Circular, que busca incrementar la vida útil de productos, minimizar, recuperar, aprovechar y valorizar los residuos y la coordinación entre el gobierno y Estados para su cumplimiento.

La ley establece reglas para que la actividad económica transite de un modelo lineal que va de, producir, consumir y desechar, a uno circular que prioriza extender la vida útil de los productos, reducir la generación de residuos y reincorporar materiales a los procesos productivos.

Uno de los cambios más relevantes es que la economía circular deja de depender únicamente de la voluntad empresarial. La autoridad ambiental podrá emitir acuerdos por sector o tipo de producto que obliguen a las empresas a cumplir metas específicas de circularidad bajo el esquema de Responsabilidad Extendida del Productor (REP).

Esto significa que productores e importadores serán responsables ambientalmente de sus productos a lo largo de todo su ciclo de vida: desde el diseño y fabricación, hasta su reutilización, reciclaje, valorización o disposición final.

En esta ley, por primera vez se reconoce a las personas recicladoras de base, así como su aporte ambiental, social y económico, ya que los recicladores de base realizan un servicio de limpia que en estricto sentido les toca a los municipios.

Ahora, están en la ley, pero no basta un reconocimiento de nombre, hace falta que se traduzca en derechos y que las personas que trabajan en esto reciban una mejor remuneración y condiciones de trabajo. En América Latina, existen más de 4 millones de recicladores de base. En México, son más de 160 mil, y se estima que sacan más de 24 mil toneladas de materiales al día. Vale la pena recordar que una persona produce 1 kilogramo (o más) de residuos sólidos al día. Y en México, se generan cerca de 120 mil toneladas de residuos sólidos urbanos diariamente.

Los recicladores evitan que miles de toneladas de basura lleguen al océano o sean incineradas cada año, dándoles una segunda vida a través del reciclaje. El impacto ambiental de su labor es una razón más para reconocerles. Nombrarlos dentro de la cadena de la economía circular, es un primer paso, pero hace falta mucho por hacer. Y que nunca se olvide; donde algunos ven basura, otros encuentran el ingreso para sostener una familia.