SIN TON NI SON
- Francisco Javier Escamilla
- 29 enero, 2026
- Columnas
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Francisco Javier Escamilla Hernández
Acabo de leer la más reciente novela de Dan Brown, el autor de la famosa obra “Código da Vinci”, y que lleva por nombre “El último secreto”: les recomiendo su lectura.
El último secreto representa un giro significativo dentro de la narrativa de Dan Brown al desplazar el foco tradicional del enigma histórico-religioso hacia una problemática más abstracta y controvertida: la conciencia no local. En esta novela, el autor no se limita a construir un thriller de ritmo acelerado, sino que intenta articular una reflexión ambiciosa sobre la naturaleza de la mente humana y sus posibles dimensiones más allá del cerebro individual.
Desde una perspectiva crítica, uno de los principales méritos de la obra es su voluntad de diálogo interdisciplinario, Brown entrelaza conceptos provenientes de la neurociencia, la física y diversas tradiciones filosóficas y espirituales para cuestionar el paradigma materialista dominante. La conciencia no local se presenta como una hipótesis que desestabiliza certezas arraigadas y obliga a reconsiderar nociones como identidad, muerte y continuidad del yo.
En el plano narrativo, la novela conserva los rasgos característicos del autor: capítulos breves, giros constantes y una sensación permanente de urgencia; este estilo eficaz mantiene el interés del lector; un aspecto central de El último secreto es su crítica implícita a las instituciones que controlan el conocimiento, Brown plantea que ciertas verdades sobre la conciencia han sido marginadas o desacreditadas por amenazar estructuras de poder basadas en una visión reduccionista del ser humano. Este planteamiento resulta sugerente, aunque tiende a reforzar una lógica maniquea en la que el conflicto se simplifica entre guardianes del orden y buscadores de la verdad, dejando poco espacio para matices.
Desde el punto de vista filosófico, la novela destaca por su intención provocadora, al sugerir que la conciencia podría ser un fenómeno compartido o independiente del cuerpo, Brown invita a pensar en una ética de la interconexión, donde los límites entre individuo y totalidad se difuminan. No obstante, la obra se queda a medio camino entre la especulación profunda y el espectáculo narrativo, sin asumir del todo las implicaciones radicales de sus propias premisas. En conclusión, El último secreto es una novela ambiciosa y estimulante que amplía el horizonte temático de Dan Brown, la obra cumple una función relevante: introducir al gran público preguntas filosóficas fundamentales y recordar que el mayor misterio contemporáneo no reside únicamente en el pasado oculto, sino en la comprensión misma de la mente humana.
De veras, les recomiendo mucho la lectura de esta apasionante novela.
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