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Por Rocío Hernández Rogel
Recientemente leí una frase que decía: “el problema nunca fue sentir, sino no haber sido acompañadas/os al sentir”.
Cuánta importancia tiene el acompañar y además compañía genuina, esas personas que están, que no juzgan, que no señalan y que no comparan o no te hablan de esos hubieras, que indudablemente te hunden más.
Cito exactamente una de las tres definiciones que menciona la RAE respecto a la palabra acompañar, que aunque refiera como el “dicho de una cosa”, se me hace muy significativa y la razón esencial de la misma, y dice lo siguiente: “existir junto a otra o simultáneamente con ella”; desdeque menciona la palabra existir, referencia a la validación, porque precisamente algo que existe es porque es visto, mirado y nombrado. Puede que estemos literalmente al lado de la persona que deseamos acompañar, frente a una pantalla, detrás de la bocina de un teléfono, hablando o en silencio, pero se está.
Cuántas veces necesitamos solo eso y cuántas veces fuimos o somos eso, la compañía de alguien sobre todo en los momentos de oscuridad, decepción o desmotivación, porque es verdad que en las alegrías y los éxitos muchos están, celebran, ríen.
Desde niños/as puede que sentimos ese abandono o que no supimos cómo o a quién decirle que nos acompañara o quizá esa persona que lo hacía se fue y se nos fue de las manos el cómo volver al coincidir con alguien parecido, pero nunca es tarde para el encuentro.
Y entonces caminamos en soledad con ese dolor, esa angustia, ese pesar…ese sentir y en ocasiones ese “sentir demasiado” ha sido catalogado como algo negativo, como falta de valentía o de fuerza interior, cuando es todo lo contrario, sentir con profundidad y detenernos para vivir el proceso no está mal.
Por eso comenzamos a alejarnos, a cerrarnos, callarnos, minimizarnos, escondernos. Porque a lo mejor eso lo aprendimos en nuestra niñez o adolescencia por falta de recursos informativos, educativos e incluso familiares al ver que todos y todas en casa son “fuertes”, no lloran, dicen que todo va muy bien cuando en realidad no, pero hoy es valioso que lo hagas consciente y consideres que puedes tomar la responsabilidad como el adulto o la adulta que ya eres y puedas volver por ese niño, esa niña y ofrecerle la verdadera compañía desde la presencia, la validación, el permiso y el amor.
También desde la responsabilidad de elegir bajo esos mismos regalos que le das a tu corazón para acompañarte que sean personas que puedan ir restaurando con el simple hecho de ser oídos, abrazos, suspiros, risas o llantos y hasta enojos, pero sabiéndote acompañado/o.
Y si tú eres ese/a acompañante, hazlo desde ese mismo lugar, desde el amor,la validación, la presencia y el permiso, pero sobre todo desde la consciencia de saberte elegido por un ser humano que hoy desea sentir su dolor, pero ha decidido no hacerlo sola o solo. Acompañemos desde esa inocencia, en donde podamos ser un espacio seguro para alguien.
Y cuando nos toque estar del otro lado, permitamos que nos acompañen para dejar de pelearnos con lo que sentimos y comenzar a arrullarlo con cuidado.
No olvides formar tu frase.
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