A mitad de la semana

La primera del año

Por: Julián Chávez Trueba

Ojalá este año hubiera comenzado sencillo, fácil, asequible. Pero no. Desde el día uno se instaló con un estado permanente de dinamismo y trauma: el ataque a Venezuela, el temblor, las inconformidades en Irak, balazos en Minneapolis, los 900 lomitos de Cuajimalpa, reporteros que evidencian corrupción en la Secretaría de la Defensa y, como si hiciera falta, explosiones y muertos ahora en San Felipe Tlalmimilolpan.

En este año concluyen sus administraciones los ayuntamientos municipales de nuestro Estado. Se avecinan campañas para el cambio de la administración ejecutiva y de las diputaciones locales, todo ello en medio del desarrollo de la Copa Mundial de la FIFA 2026.

La pregunta es obligada: ¿su presidente municipal cumplió sus promesas de campaña? ¿Supo, al menos, quién fue su diputado local durante estos últimos tres años?

Si su respuesta fue “no sé”, entonces hay un problema serio. Porque votar sin información, sin evaluación y sin memoria política es regalar el poder. Y el poder, cuando se regala, nunca vuelve limpio.

Lo cierto es que cada inicio de año la vida nos concede la ilusión —o la oportunidad— de comenzar de nuevo: un borrón y cuenta nueva, un reinicio simbólico. Tal vez por eso convendría enfocarnos en lo esencial, en lo que genuinamente nos importa y nos hace felices, dejando fuera las banalidades, los materialismos y las hipocresías que nos distraen.

La sorna, la sátira y el sarcasmo se apoderarán un poco más de este espacio. No por crueldad, sino por supervivencia. Para mirar una realidad cada vez más amarga desde una óptica liberadora, de aceptación, para evitar que la tristeza o la frustración nos terminen carcomiendo.

Pensemos, por ejemplo, qué es la soberanía o qué es la patria, más allá de conceptos lejanos, intangibles y prístinos que repetimos sin terminar de comprender. Recomiendo leer a Rius: ¿Cómo acabar con México sin ayuda extranjera? y, de paso, Los traumas que nos dieron patria, para sacudirnos mitos y patriotismos mal digeridos.

En este 2026, lo que parecía lejano estará más a la mano que nunca; las ideas descabelladas se volverán realidad; algunas mentiras mutarán en verdades oficiales; muchos de izquierda se volverán conservadores —si es que no lo eran ya— y sólo queda esperar que las atrocidades sigan siendo hechos indeseables y, ojalá, lejanos.

Mientras tanto, me preparo para no registrar mi línea celular, tanto por convicción como por miedo a otra filtración de datos, expresando así mi negativa mediante resistencia pasiva. Todo esto, mientras se registran cientos de números a nombre de Noroña y de AMLO, sin que a quienes le importa puedan hacer algo, mientras los demás saboreamos el memento morir.