A mitad de la semana

Por: Julián Chávez Trueba

 

El absurdo del gobierno

Previo a empezar con la opinión de hoy, debo hacer extensiva mi sincera felicitación a esos seres incansables que logran ser los únicos en poder convertir un espacio de cuatro paredes en un hogar: las madres. Hoy en su día, les deseo que sigan viendo crecer sus frutos, que sigan siendo los pilares de sus familias y las festejen hoy y siempre como lo que significan, la luz del mejor consejo y amor que una persona puede recibir. Sean felices y siéntanse orgullosas de ser el ser humano más querido de sus familias. ¡Muchas felicidades Yoli, Ale, Ita, Angelita, Pili, Ari, Tía Irene, Yas, Mine, Rosy, Sandy y en el cielo Cristi y Chabelita!

Ahora sí, la opinión.

Existía una vez un ser al que le fue otorgada la gracia de volar con alas hechas de cera, pero ese al que se le llamaba Ícaro se sintió tan ambicioso y poderoso que detentó aquella única regla y voló con rumbo al Sol hasta que se le quemaron las alas y cayó precipitándose a la muerte.

Así de romántica es esta analogía que presento de nuestro Presidente Andrés Manuel López Obrador, porque lo tuvo todo, gobierno, parlamento, soporte económico y toda clase de apoyo a su forma de pensar y actuar, en esa misma analogía hasta tuvo alas y hubo quien lo veía de manera mesiánica y que rencarnaba en él, las esperanzas de quien le creen aún todopoderoso, pero ya se ha excedido de sus propios límites.

Algunas ONG’s han analizado los últimos meses del desempeño de AMLO y entre algunas conclusiones, surgió una interesante: el presidente lleva por lo menos 6 semanas que él no dicta la agenda nacional, sino que se satura aplacando los señalamientos en su contra, cosa que nunca se había dado, a pesar de la “casa gris”, de sobres de dinero y los contratos evidentemente corruptos, no se había caído en un discurso diferente al que él proponía. Hoy no hace más que contestar la severa opinión pública que lo descalifica y pone en jaque una y otra vez.

Tal es el grado de saturación que tiene que ya sufrió un ligero desmayo, sin duda derivado de la presión que tiene en su día a día, además de la falta de eficiencia en el bateo de los argumentos lapidarios, ya que ahora todo lo termina con un “¿y Loret de Mola?” como si el principal medio que señala sus improperios fuera el causante de sus tropiezos, o como si un ciudadano deba hacer público su ingreso por encima del ingreso familiar del presidente que sí vive del dinero de todos. Sin duda los argumentos se le acaban y el sostener el gobierno se vuelve cada vez más una tarea más precaria.

Ahora bien, como Delfina la candidata a la gubernatura ha basado su posicionamiento político en la imagen de MORENA y en su líder Andrés Manuel, todo lo que le afecte a él, le afecta directamente a ella, ya que ha llegado en su discurso a únicamente asegurar que “vamos a estar bien con ya sabes quién” como si eso bastara para soportar a una candidatura, para solventar sus ideas, como si fuera la máxima propuesta y notoriamente eso también le está pegando a ella.

Me parece que fue aventurado lo que aseguró en la semana Alejandra Del Moral, cuando aseveró que ya están empatadas las candidatas en la preferencia y que ya lo que viene es su victoria, que conforme a las encuestas más serias, aún aparece entre un 8 y un 6 por ciento por debajo de su contrincante, esto quiere decir que la tendencia de ganar un punto porcentual a la semana sigue siendo verdadera pero eso no le va a alcanzar a 3 semanas de la elección.

Viene un cierre de fotografía y aparentemente quedarán las candidatas en un empate técnico, en el entendido de que las encuestas siempre tienen un sesgo de veracidad de ± 3 por ciento.

Aparentemente se cumple la máxima de “Dios da y Dios quita”, puesto que Delfina sin hacer nada, o inclusive ser adversa a ella misma, tuvo las mieles de la aceptación y la popularidad que daba la imagen inmaculada de Andrés Manuel López Obrador, pero ahora con una agenda nacional impuesta por los críticos al gobierno, sin poder revertir esa sinergia, la propia Delfina va a sufrir el revés de su popularidad, justo cuando más lo necesita, en el cierre.