EL VALLE DEPORTIVO

 «En mi opinión las empresas exitosas del futuro serán aquellas que decidan alinear los valores de la empresa con los valores personales de sus empleados. Los mejores talentos quieren hacer un trabajo que contribuya a la sociedad, con una empresa cuyos valores compartan, donde sus acciones cuenten y sus opiniones importen» Jeroen van der Veer

Hace unas semanas, cuando todo marchaba bien, bastó un tono elevado de efusividad para desatar la ira de mis amigos Chon y Alex, ahí en televisión; el primero me señaló que todo estaba bien, pero lo que era insoportable era la burla; el otro, solo se fue a su cabina de iluminación con chispas en las córneas. Me saqué de onda, me enojé, me sentí ofuscado por un momento, porque soy uno de los primeros que defiendo el ser ecuánime y, aún cuando también tengo mis dotes de fregar al de enfrente, no lo hago. Asumieron un rol de que me burlaba de ellos, sin siquiera saber que eso no existe en mi formación, ni en mi educación, el alarde al que me referí -en ese instante- era la ironía acompañada de soltar la adrenalina. Me quedó claro que no muchos estamos en el mismo canal y que no todos soportamos lo mismo ni entendemos lo que debe ser, de igual manera deja una enseñanza: por más que defiendas y/o ataques a un conjunto deportivo, se debe perder la amistosa relación que se vuelve vulnerable con cualquier rozón, además que, es un simple juego donde -insisto- no va de por medio la vida ni la familia, cuando otorgas estos argumentos con educación probada, los demás debemos seguir aprendiendo a separar emociones y no ser presa de decisiones u opiniones en exaltación, y para ello hay, en estos momentos varios momentos que si pasan de ser ofensivos, hirientes, vulgares, corrientes, sin valor ni ética, sin respeto, agresivos, ridículos, y hay especialistas en la fuente deportiva que arrasan -o al menos eso creen- siendo bufones y quedando exhibidos de la falta de cultura y por ende de educación. Sus jefes y empresas quedan en el amparo de que no es sino única y exclusivamente responsabilidad de quien emite comentarios y se lavan las manos, aun cuando entonces quedan más expuestos por no contar no con un código de conducta y mucho menos un código de ética y profesionalismo. Vaya situación.
Este no es un tema menor, al contrario, la responsabilidad social que impacta en el escenario de la población, debe contener bondad y no agresión, conocimiento y aporte, no comportamientos atroces que incitan a otros a moverse y a las masas invocar para asumir -según ellos- riesgosos panoramas que pueden desatar caos. Mi experiencia quedó en el estudio de tv, entre cámaras y sin estar al aire, entre compas pues, donde podemos estar de acuerdo o no, pero al final de cuentas respetarnos. Lo cruento es que hoy bajo el lema de la libertad de prensa -confundida, por cierto- se esmeran los paridos por Afrodita y soñados como Adonis, así como calificados altamente como expertos, dignos de ser Zeus y más, empañan el oficio, ensucian y descalifican la gran labor reporteril y de investigación, a cambio de ganar más adeptos para uno que otro y para sus empresas. La humillación no cabe, todos lo sabemos, el uso tanto de las redes sociales como de un micrófono y una cámara, no nos otorga un distintivo selecto de: tú sí puedes despedazar con lo que digas, pero tú ¡no! o sea, ¿en qué momento nos perdimos de tanto profesional serio, entregado, respetuoso y sobre todo preparado? ¿cuándo pasamos de no ventilar nuestra preferencia deportiva y de clubes, a la de ser porrista provocador? ¿muchos de los hoy reporteros, periodistas, analistas, comentaristas, cronistas y/o relatores -de cualquier deporte- sabrán el artículo 4º de la Ley Federal de Radio y Televisión? Y conste que no me meto en temas más profundos como el de la propia Constitución Política, Ley de Cultura Física y Deporte, Derecho del Deporte, Normas y procedimientos de locutores profesionales, etcétera.
Aaaaah, y casi se me olvidaba que varios argüían que los tiempos cambian, que hay qué despertar a la innovación y trascender fronteras, que la apertura es decir y hacer groserías con todo respeto -defienden- que los viejitos -como yo- somos de otra generación y no cambiamos ni nos adaptamos a la evolución, y cientos de más cosas, que por eso existe el tema de tecnología y el poder de cada uno de nosotros. Esto es cierto, pero no escudarse bajo un lema que no promueven ni practican, infortunadamente en nuestro país confunden el tema de debate -a cualquier nivel y/o situación- con insultos disfrazados de gritos y sombrerazos y, además, creen tener la razón absoluta, cuando ésta, no existe…
Pásenla bien!!!