SIN TON NI SON
- Francisco Javier Escamilla
- 3 marzo, 2022
- Columnas
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Los tristes acontecimientos que están sucediendo actualmente me llevan a reflexionar acerca de lo que significa una guerra. Las guerras muestran el peor lado del ser humano. Desgraciadamente la decisión de un solo hombre afecta la vida de miles y, a veces, de millones de congéneres. Con frecuencia se pretende que la guerra se justifica por haber sido ofendida una nación por tal o cual razón, pero la realidad es que se desatan con afanes expansionistas, ya sea por obtener más territorios o por obtener los recursos que puede proveer la región afectada. Desgraciadamente esto se ha dado desde siempre, para muestra señalaré algunos eventos que se han dado desde hace más de 23 siglos:
Alejandro Magno, dedicó los primeros años de su reinado a imponer su autoridad sobre los pueblos sometidos a Macedonia, que habían aprovechado la muerte de Filipo para rebelarse. Como hegemón de toda Grecia en concepto de sucesor de su padre, continuó el plan que habían aprobado las polis griegas: conquistar el vasto imperio de Persia, para vengar (he aquí el supuesto motivo) todos los daños que les habían causado a los griegos durante varios siglos. El plan incluía la recuperación de todas las ciudades costeras de Asia Menor e islas del mar Egeo. Alejandro preparó un ejército de aliados griegos (principalmente macedonios), y en el año 334 antes de Cristo se lanzó con su pequeño ejército, de apenas 40 000 hombres, contra el poderoso Imperio persa: una guerra de venganza de los griegos —bajo el liderazgo de Macedonia— contra los persas. Al añadir el vasto dominio persa a su reino balcánico, Alejandro forjó un imperio euroasiático de una extensión sin precedentes. Sin embargo, no le bastó: el conquistador ignoró la lección griega acerca de lo peligrosa que puede llegar a ser la arrogancia, y se aventuró con insolencia en la consecución de más territorios; más de lo que cualquier hombre podría lograr de forma realista. Sometió a Bactriana (en la actual Afganistán). Luego invadió la India en el 327 a.C. y cruzó el río Indo, la frontera más lejana del antiguo Imperio Persa. También se aprecia cómo la arrogancia y el deseo de poder de un solo hombre puede llegar a manejar los destinos de millones.
Escipión. También antes de Cristo, la historia nos recuerda las guerras, convertidas en conquistas, de Escipión (conocido después como el Africano). Después de la muerte de su padre y su tío en batalla con los cartagineses en Hispania, Escipión se convirtió en el comandante en esta región, con la autoridad del procónsul de 211 a. C. hasta 206 a. C.; tomó Cartago Nova en 209 a. C., derrotó a Asdrúbal Barca en 208 a. C., destruyó los ejércitos de Magón y de Asdrúbal, hijo de Gisgon en la Batalla de Ilipa a finales de 206 a. C. Como resultado, los romanos controlaron todas las posesiones cartaginesas en Hispania. Todo ello obligó a Cartago a convocar a su mejor general —Anibal—, que abandonó Italia y marchó de regreso a defender su tierra natal. Sin embargo, Aníbal sería vencido por Escipión en la decisiva batalla de Zama, después de la cual Cartago cedió Hispania a Roma, perdió su flota y el derecho a seguir una política exterior independiente. Historia de conquistas y de territorios arrancados a los vencidos.
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