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SIN TON NI SON

 

Francisco Javier Escamilla Hernández

Siguiendo con las visiones del mundo y ya que hablé la vez anterior de la visión mágica, ahora como complemento a esa visión aparece la visión egocéntrica, que a mi entender sigue siendo muy pobre. Esta visión pretende una sensación de identidad diferente a la tribu, aunque es frecuente que se incline por un grupo, que es su favorito. En esta visión el sujeto se coloca en el mismísimo centro del universo, el yo individualizado pretende formular y satisfacer de inmediato sus deseos (ya que, desde su punto de vista, todo gira alrededor de él). Las personas que tienen esta visión del mundo no planifican el futuro, sino que actúan impulsivamente con la intención de satisfacer sus propios deseos.

La visión egocéntrica es la de alguien que se considera a sí mismo como el centro de su propio viaje del héroe, un viaje donde se encuentra con dioses, diosas, personas y fuerzas con las que es necesario enfrentarse. La vida es para él, una jungla llena de predadores y de presas por lo que, para poder sobrevivir y enfrentar las amenazas, el ser que ostenta esta visión egocéntrica ejerce todo su poder, o trata de aliarse con los poderosos del momento. La vida de este ser ostenta la máxima de la “supervivencia del más fuerte”. Es, de esta manera, que la persona que vive bajo esta visión se convierte en un experto en intimidar a los demás y dominarlos. Siguiendo el símil de la semana pasada, ¿Algo que ver con Trump?

Bueno, un nivel superior de las visiones del mundo, un escaloncito arriba, es la visión mítica. En ésta, el dios o los dioses característicos gobiernan unos poderes profundamente sentidos que se hallan directamente atados a las cuestiones terrenales de las mujeres y de los hombres. En lugar de estar unidos por cuestiones de sangre y parentesco, los individuos pertenecientes a diferentes clanes y tribus pueden creer en el mismo dios, y su vínculo consistir, por tanto, en ser hermanos y hermanas bajo el mismo y único dios.

Pueden vivir en paz obedeciendo reglas que conducen a la estabilidad y se orientan hacia la conservación de la forma de vida establecida. El individuo debe sacrificarse en aras de dios y de la patria, lo que proporciona orden y significado de la vida. Desde esta perspectiva, el sacrificio y el sufrimiento ennoblecen. La visión y el caos propios de la visión egocéntrica, que es impulsiva, amenazan el orden. El orden y la bondad dependen de leyes estrictas, de la policía y del ejército, que para esta visión del mundo, son auténticos héroes. Desde este punto de vista, quienes trabajan duro, obedecen las normas y cumplen con sus obligaciones sociales son personas honorables. Este es un estadio en el que prevalece la visión etnocéntrica que observa al mundo en términos polares, blanco y negro, se es creyente o infiel, santo o pecador. La autoridad enseña el verdadero camino para vivir correctamente. El sentimiento de culpa controla la impulsividad a través de la obediencia disciplinada a formas de vida tradicionales. El sacrificio y la estabilidad actual garantizan la recompensa futura, y el cielo aguarda a quienes se atienen estrictamente a las reglas establecidas por el Único y Auténtico Camino.

Comentarios: fjescamilla53@gmail.com      Twitter: @_copitoo

 

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