Publicado en Columnas

SIN TON NI SON

Miércoles, 22 Septiembre 2021 20:51 Escrito por 

Esta vez quiero hacer referencia a una disciplina, ciencia o como se le quiera denominar, pero que en el fondo es el conjunto de reflexiones sobre la esencia, las propiedades, las causas y los efectos de las cosas naturales, especialmente sobre el hombre y el universo: la filosofía. De su raíz etimológica el vocablo filosofía se compone de philos-amor y sophia-conocimiento, o sea amor por el conocimiento. Las culturas humanas se han desarrollado desde hace aproximadamente 5000 años, culturas como la sumeria, china y egipcia las cuales, todas, lograron alcanzar grandes conocimientos científicos, astronómicos y realizar grandes obras de ingeniería. Sin embargo, es hasta hace 27 siglos (700 años a.C.) que el hombre empezó a preguntarse ¿Cuál es el origen de todo? ¿Existe un orden en el universo? ¿Qué es conocer? Así, nace la filosofía. Las explicaciones que se daban a los fenómenos naturales, casi siempre eran dictadas por la religión, atribuyendo poderes a dioses que provocaban la lluvia, el trueno, la salida del sol, los terremotos, los huracanes. Fue en esa época cuando una serie de pensadores nacidos en ciudades de los límites de Europa con Asia, renunciaron a esas explicaciones sobrenaturales dictadas por los sacerdotes y se empezaron a preguntar acerca de la composición y esencia del mundo -es decir, de todo lo que existe- y qué lugar le corresponde al ser humano dentro de éste.
Esta búsqueda no se había hecho con anterioridad, este interés por conocer y la convicción misma de que la naturaleza del ser humano consiste en la capacidad para hacerlo. Esta convicción animó a los pensadores a continuar con la idea de que la naturaleza era cognoscible, transparente a la razón, no era algo insondable y determinado por la voluntad caprichosa de los dioses. Unos de los primeros filósofos, Heráclito y Parménides confían plenamente en el uso de la inteligencia y la razón para poder emitir argumentos contra esa voluntad de los dioses.
Los filósofos jonios entendieron a la naturaleza como una ley inexorable, como una necesidad: la naturaleza es completa en sí misma, no es necesario buscar leyes ni movimientos ni sentidos externos a ella, los conceptos de frío, calor, sequía, lluvias, sustituyeron en el pensamiento de aquellos primeros filósofos a las fuerzas mitológicas tradicionales.
El gran salto que supuso la aparición de la filosofía radica en haber asumido como exigencia la racionalidad, como guía del pensamiento, que dejó de ser mágico. Contra los principios ancestrales que gozaban de gran prestigio, de la tradición y la autoridad de las sacerdotes, los primeros filósofos tuvieron que forjar una estricta guía que pudiera conducirlos a la verdad a través del intrincado mundo de las apariencias: la argumentación consistente, la consecuencia lógica, el análisis atento de la experiencia.
La filosofía nació con fuerza, sin vacilaciones, indagando lo que ninguna otra actividad del espíritu humano había interrogado hasta entonces: cuál era la sustancia última de las cosas, cual el fundamento de la realidad, cual el fondo de lo existente y cómo podía llegar a conocerlo la inteligencia humana.
Comentarios: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. Twitter: @_copitoo

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