CARNAVAL: VIVIR CANTANDO

Llevamos semanas encadenando una borrasca tras otra y, sin duda, este invierno, que será difícil de olvidar porque no nos ha dado ningún respiro, parece que será en estos días en lo que por fin tengamos la merecida tregua y podamos disfrutar de unos rayos de sol y un anticiclón. Estos conseguirán que dejemos atrás los paraguas, los vientos huracanados y la fría sensación térmica que nos ha acompañado. No es que el invierno haya terminado, ni mucho menos, pero este descanso meteorológico se siente casi como un pequeño milagro cotidiano. Después del gris, el sol no solo nos calienta, sino que nos levanta el ánimo.

Si de ánimo hablamos, no hay tempestad que pueda detener el reinado de Don Carnal. Eso sí, tras el bullicio llegará Doña Cuaresma, discreta y sobria, recordándonos que la fiesta es solo una parte del calendario. El entierro de la sardina simbolizará ese tránsito del exceso a la contención, del disfraz a la introspección. No se trata de contrarios irreconciliables, sino de un equilibrio que define nuestra tradición: celebrar con fuerza y después recogerse; reír y luego reflexionar.

Hasta esta noche en la que sardina se convierta en ceniza tenemos que reconocer que llevamos muchas jornadas en las que los disfraces han sido los protagonistas y encontrar el ideal no siempre es fácil, pero dejarse llevar por las sátiras y las parodias es fundamental. Éstas nos han sacado más de una sonrisa. La actualidad se ve desde otro plano cuando nos la cuentan las comparsas o las chirigotas. El sentido del humor es fundamental y estos días cobra especial protagonismo. Famosos son los carnavales de Cádiz o de las Islas Canarias, pero en cada rincón de España hay fiesta asegurada.

Evidentemente, el carnaval también tiene sus detractores, pero evadirse de la rutina o de la cruda realidad por un momento nunca está demás. Fue Ramón de Campoamor quien escribió en su poema “Las dos linternas” el verso más universal y más propio para estos días: “Y es que en el mundo traidor nada hay verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira”. A algunos les encantarán las sátiras, a otros ni media sonrisa conseguirán sacarles, y más, si son los protagonistas, pero ser un personaje público es lo que tiene. Todo tiene un precio y Don Carnal sabe quién se merece su atención.

Acompañando a Don Carnal o no, la esencia de nuestro presente, de nuestro ahora, siempre será disfrutar todo lo que podamos. Creo que en esto debemos coincidir. Si alguien duda que escuche a la reina de la salsa. Celia Cruz siempre nos animó con sus canciones porque la vida es, precisamente, un carnaval y “las penas se van cantando”. De hecho, “es para reír, para gozar, para disfrutar” porque “hay que vivir cantando”. No nos olvidemos que “todo aquel que piense que la vida siempre es cruel, tiene que saber que no es así, que tan solo hay momentos malos y todo pasa”.

Dado que todo pasa, mientras el tiempo transcurre y nosotros vamos escribiendo mucha propia historia, gocemos como diría Celia Cruz y a los malos momentos pongámonos un poco de “azúcar”. Sin duda, lo que está claro es que “La vida es un carnaval”… Bailémosla.